28 nov. 2010

el Oscuro Pasajero: Royal Deluxe‏


El escenario es el siguiente:
            Una ciudad atestada por marionetas  gigantes que vienen a exponer un  espectáculo cultural como pocos. Lindo, muy lindo.
            Esa puede ser la definición rápida de lo que fue el Royal Deluxe,  en el centenario de la revolución el afrancesamiento porfirista no puede tener mejor representación que un acto dirigido a minorías ilustradas mientras la gente, la masa, la mayoría, termina afectada por estupideces de esa magnitud.
            Claro, nadie miró el otro lado, nadie pensó en el trabajador que venía cansado de una jornada laboral de ocho horas y solo deseaba llegar a su casa para olvidar sus penas en alcohol o alguna otra sustancia que, mínimamente le permitiera sentir que su vida no es un asco. Esa fue mi sensación.
            Algunos ya saben que he ingresado a las filas del proletariado entregando los que supuestamente serian los mejores años de mi juventud  a cargar cajas. En fin, eso no es lo que me apremia, sino la sensación del pasado viernes.  Un hombre cansado, a las  6:30 de la tarde está viajando por el transporte urbano en la ruta 633, de repente, un intenso tráfico se apodera de la ciudad, intrigado por lo sui generis, pero racionalizando la posibilidad de una quincena y compras navideñas el joven decide esperar con pasividad. Pasada media hora de cansancio, el chofer hace un anuncio preocupando “hasta aquí llego, me regreso a Zapopan”.  Los usuarios, desconcertados por el anuncio bajan con parsimonia y deciden caminar el resto del trayecto; nuestro protagonista,  luego de ocho horas parado, reacciona con disgusto ante la idea de tener que caminar hacia el tren, sin embargo, la sensación de molestia y desconcierto que tienen todo sus compañeros temporales de viaje lo relaja, le hace pensar que  es parte de una colectividad que comparte su sufrimiento. Cuando llega al tren ligero, la consecuencia obvia es que está atestado a tal nivel que tiene que dejar pasar dos hasta que alcanza a subir a uno, trata de cavilar ¿qué puede hacer que de la noche a la mañana el centro de una metrópolis quede cerrado sin  previo aviso? El joven pensó en un atentado o una balacera dentro del contexto de la guerra contra el narco. Al llegar con una hora de retraso a su casa tratando de encontrar información acerca de la violencia que tal vez se desató en el centro de la ciudad ¿cuál es su sorpresa al notar que todo fue causado por unos estúpidos títeres?
            No me opongo a las manifestaciones “artísticas” dirigidas a minorías ilustradas que al final son las rectoras de la sociedad, pero cuando estos espectáculos semi elitistas afectan al obrero, al trabajador que, sin previo aviso por parte de las autoridades se ve privado del transcurso a su casa es cuando me caliento. El ciudadano (con voz y voto) que es la espina dorsal de la sociedad, aquel que trabaja mientras el artista solo reproduce espectáculos innecesarios, es el afectado ¿a quién le importa un trabajador mientras podemos imitar a Europa?  Bien pudieron avisar que cerrarían el centro, pero no, querían espontaneidad y gracias a esa espontaneidad miles de personas que ni la debíamos terminamos afectados porque   querían ver títeres gigantes, que el títere te dé comer, que el títere pague tus cuentas, que el títere viaje en camión y que el títere trabaje todo el día; no el títere no hará eso, tampoco el pintor ni el músico, eso le corresponde a las mayorías.
            Dirán que soy un resentido porque sufro del exilio de de una clase intelectual que se negó a reconocer mi genio y por eso despotrico contra ellos, pero no, al contrario, si detesto a los intelectuales es precisamente por su cada vez mayor interés de complejizar hasta lo más sencillo negando así la educación de la gente humilde “ustedes no tienen derecho a saber qué pasa, solo nosotros que vamos a la universidad, ustedes son ignorantes porque la televisión los hace estúpidos, nosotros lo sabemos, pero no haremos nada porque si hacemos algo al respecto perderíamos nuestra posición social al proletarizar el conocimiento” si un ciudadano de a pie ve a Laura Bozzo es un idiota, si lo hace un intelectual es un consumista irónico; si pinta su casa de amarillo con manchas moradas tiene mal gusto, si lo hace un universitario es Kitsch. Señores intelectuales, la ignorancia la provocan ustedes, y ustedes la alimentan porque esa es la razón de su existencia ¿no? ¿Qué pasará cuando todos seamos ilustrados? Dejarán de ser ustedes los pensadores, perderán su derecho a teorizar porque todos lo podrán hacer.  Ustedes necesitan que haya diferencias sociales para legitimizar su labor, de lo contrario, serían inútiles para la sociedad.
            Hagan lo que quieran con su arte, pero no lo hagan a costa de la gente que solo quiere llegar a dormir porque mañana tendrá que repetir otra vez la misma jornada y así el resto de sus vidas. Sean libres,  escuchen cantos zapatistas en si Ipod ¿total? Aquí los verdaderos hipócritas son ustedes.

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