24 may 2011

El Oscuro Pasajero: Mateo 24:36


Esa noche me acosté esperando que todo acabara, en realidad no lo quería, tenía muchas cosas por las que desear estar aquí, mis amigos, mi novia, pero estaba seguro de que no había forma de detener o que pasaría.
            Mi nombre es José, tengo 26 años y soy cristiano evangélico.  Hago esta confesión de fe porque fue la misma que dije esa noche al acostarme, “corazón de Jesús corazón de Marat” fue la respuesta que mi cabeza mandó a mi cerebro. Siempre tuve miedo, no es que no creyera, sino que no creía en que sería capaz de creer lo suficiente,  no entendía por qué un ser hecho de amor sería capaz de dejar a sus ovejas descarriadas, eso no es amor, es sadismo.
            Sabía que el rapto sería repentino, que un día, de repente en el mundo desaparecerían millones de personas, que esa sería la señal de la parusía, Dios se ha llevado a los justos, ahora los pecadores tendrán que elegir entre la salvación o la condenación, eso sí, ahora en un escenario postapocaliptico de guerras, sangre y destrucción. No entendí nunca por qué Dios no es capaz de bajar y aparecérsele a los pecadores hijos del anticristo, después de todo, satán está en última instancia sometido al arbitrio de Dios, si este, respetando el libre albedrio se apareciera ante los malos como soberano total, estos se rendirían; porque es la función de Dios, curar a los enfermos, no a la gente sana.
Aun así viví mi vida esperando el final, nunca pensé que el día llegaría tan rápido, no estaba preparado.
            No sé qué me pasó, pero mi euforia creía, era el fin, decía a todos, pero el inicio de un nuevo mundo; sabía que sería raptado como todos,  Dios no conocía mis secretos, él me llevaría al palacio celestial para mirar como toda mi familia que nunca fue creyente huía de las huestes del anticristo.
            Me preparé,  tenía lo que debería de tener, llevaba años preparándolo, no es que fuera un fanático, pero sabía que de no hacer nada nadie actuaría, estaba seguro que pecaría con mis actos, pero también sé que Dios me perdonaría. Cuando llegó el día lo tenía todo preparado, no es que necesitara demasiadas cosas para la parusía, más allá de todo, quería terminar mis asuntos terrenales una vez que sabía que los espirituales culminarían solos. Es extraño que aún ante el inminente fin del mundo siempre tratemos de conservar las formas sociales, nos despedimos de nuestros amigos como su fuéramos a un largo viaje al extranjero, vendemos nuestras cosas a nuestros vecinos--regalarlas nunca--y usamos el dinero para repartir entre los pobres en un desesperado intento de hacer horas extras a pesar que el corte de caja ya está hecho.
            Por alguna razón nunca pensé que darme esos pequeños placeres mundanos que antes, por economía, me negaba con frecuencia; tal vez sabía que hacer eso restaría méritos con Dios, o simplemente siempre fui un cobarde que no le gusta arriesgar el dinero. De hecho no lo repartí entre mis iguales ni me deshice de mis posesiones, de cierta forma albergaba cierta sospecha de que en el momento del rapto no estaría yo entre los "escogidos", así que consideraba prudente que en el caso de tener que vivir los 7 años de la gran tribulación y el gobierno del anticristo, algunos bienes materiales podrían ayudar a la causa de la fe verdadera.
            Con mis compañeros de escuela fue algo complicado, tuve que darme de baja de la excursión a la playa que llevábamos meses planeando, según mis cálculos, para la fecha del viaje la sociedad ya se habrá derrumbado y será difícil recuperar el gasto de la inversión; tuve que prepararme para una vida austera que solo augurara lo que voy a vivir durante el fin, así que cancelé mi ya de por sí frágil agenda social en pro de estar preparado.
            Tengo un arma, no me enorgullece, porque tener un arma significa que exista la posibilidad de usarla, y usarla equivale a dirigir la ráfaga contra un ser vivo. Tenía la esperanza de que en caso de darse los tiempos difíciles, podría identificar a los soldados del anticristo lo suficiente como para no errar el tiro. Recordaba el Mateo 10:34, pero aun así era consciente de que en mi micro mundo social, la mayoría de mis conocidos eran potencialmente soldados del mal. después de pensarlo consideré propio de lo que vendría combatir fuego contra fuego, así que el dinero que no gasté en placeres mundanos lo invertí en reforzar la seguridad de mi casa y hacerme de equipo de auto defensa, asimismo memoricé mapas de la ciudad y cuáles serían las zonas peligrosas para andar. Si no supiera lo que iba a pasar, algunos creerían que era un terrorista aficionado que está planeando un atentado mal planificado.
            El día antes del gran rapto, tomé mi última cena con mi familia, sabía que a mis hermanos se los llevarían, de mis padres, no sé, aunque sé que eran buenos, tienen los mismos pecados que los monarcas cuando argumentan la razón de estado. Durante la noche arreglé mis cosas, me preparé para el final. En internet leía como la mitad del mundo nos ridiculizaba y la otra mitad nos miraba con indiferencia. Hacían comentarios cínicos acerca de nuestras creencias y esperaban en fin con una fastidiosa resignación epicúrea. Perdónalos Señor, no saben lo que hacen.
            Aún tenía una duda ¿cómo se resuelven los problemas del horario? de hacer caso a la biblia tendríamos que atenernos a la hora local de Israel ¿o acaso de la corte de Constantinopla?  En el Concilio de Nicea se resolvió eso, los católicos se sienten relajados, la hora la dicta Roma. Pero nosotros, que a diferencia del papismo tenemos la libertad de no someternos a una autoridad temporal, tenemos que conformarnos con que la Hora de la llegada ni el propio padre la conoce. Eso, más que libertad nos causaba un problema, si el rapto fuera local, no sería en un solo instante, sino un ciclo de raptos por hora alrededor del globo, no podía ser así, lo más razonable era no conocer la hora, con la fecha bastaba, aun usando todos los husos horarios el fin del mundo no tendría que pasar de las 12 del día de cualquier nación.
            Dormí, no soñé nada, pero me desperté, sabía que era de los "dejados atrás", así que no tuve alternativa mejor que soportar estoicamente la situación y encender la computadora para revisar qué había pasado. Me sentía raro, sospechaba que las comunicaciones habían colapsado y los servidores estarían caídos, pero no, pareciera que la ciencia es tal que las maquinas pueden sostener el orden global sin necesidad de capital humano. O tal vez los gobiernos habían formado un gabinete de crisis e impedido el colapso de las redes para poder mantener la calma en la sociedad. Para elmundo.es la noticia era la acampada del Sol, era obvio, ante un acontecimiento de tal magnitud lo primero que los gobiernos van a censurar para no generar pánico son los medios de comunicación, le habrán digo a los programadores de google que no dieran en su buscador el resultado para cierta información ¡nos estaban haciendo creer que el mundo estaba en calma!
            Tenía que salir y verlo con mis propios ojos, los medio no podrán nunca censurar las calles, ni siquiera reparé en revisar si mi familia estaba todavía ahí, tal vez era el miedo de no verlos y reconocerme totalmente solo. Tomé la pistola, más por precaución que por un verdadero deseo de usarla, pero existía la posibilidad de que se haya declarado el Estado de Sitio.
            Abrí la puerta y la escena fue desoladora, las calles lucían vacías, no había gritos ni llanto, no veía a lo lejos el holocausto de una ciudad en llamas. Tal vez vivía en Sodoma o en Gomorra y  todos eran pecadores, tal vez aquí nadie es un salvo del alma y la ciudad se comporta como si no hubiera pasado nada. Caminé unas casas hasta que miré a uno de mis vecinos, un vejete de 70 años que está siempre despierto desde temprano. Le pasé de largo, sabía que si yo podía ver qué pasaba él menos. Pobre, me dio una lástima saber que en la futura guerra él será de los soldados del infierno.
            Avancé una calles hasta llegar a la avenida principal, esta, bastante concurrida, no podía ser, era el fin del mundo y nadie estaba consciente de eso, tenía que advertirles, revelarles la verdad para unificar las fuerzas ante la tormenta que se avecinaba.
            --amigos--les dije--tal vez no se han dado cuenta de lo que pasó, pero estaba escrito, la ciencia y la fe han unido fuerzas para enseñarnos el camino, las matemáticas no se equivocan yo...
            --oye amigo ¿por qué no te callas? me vale verga que sea el fin del mundo, si no llego al trabajo me corren, y mira que será más difícil encontrar chamba cuando todo haiga valido verga.
            --lo que está en juego es tu alma, no tu trabajo, del que hay muchos, pero alma solo una.
            --y Dios es dueño de ella, así que él decidirá.
            Dijo esto poco antes de subirse a un camión industrial rumbo a El Álamo. Me acerqué a los pocos que quedaban, me miraban algo asustados, pareciera que mi discurso estaba haciendo consciencia en sus almas y despertando su temor de Dios, eso me envalentonó y seguí.
            --¿saben lo que es el rapto? es el inicio de la parusía, de la segunda venida de cristo, Dios es generoso, y ha decidido que antes de que inicié lo narrando en el libro de las revelaciones todos aquello justos, que no merecen el castigo de Dios sino solo su virtud, sean arrebatados de este mundo y elevados al paraíso, para dejarnos a los pecadores sufrir por nuestra incredulidad.
            Abrí mis manos en gesto teatral cuando algo cayó.
            --¡Tiene un arma!--gritó una señora.
            --no no--les dije--es para protegernos, el fin del mundo inició hoy y los que quedamos somos pecadores.
            --¡Loco!
            --¡La uso para defendernos!
            la gente salió corriendo dejándome con el instrumento de nuestra defensa en mis manos, tardé algo en reaccionar a lo que había pasado cuando ya venía rápidamente un patrulla; la miré, sabía lo que tenía que hacer, las luces rojas y azules parpadeando, los gobiernos habían preparado todo, no eran tontos, sabían del fin y lo alistaron, estaba en una celda, de seguro habían llevado paulatinamente durante años a los pecadores a distintas regiones para facilitar el control y entregar el mundo al Anticristo ¡no! yo no moriría así, Dios es mi testigo que pelaré hasta el final para ganarme el reino de los cielos.
Así que comencé a disparar.

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