20 may. 2011

El Oscuro Pasajero: se acaba el mundo.


Recuerdo que allá por el año 2000 yo estaba cagado del miedo no del Y2K, sino de  una profecía que corría por los pasillos acerca de los famosos tres días de oscuridad que había profetizado Nostradamus.  No recuerdo mucho cómo era la cosa, solo que durante 72 hora el sol iba a desaparecer y—aquí viene lo divertido—que si alguien tocaba a tu puerta durante esos días no le abrieras porque era el mismísimo demonio, satanás, lucifer  en persona el que estaba llamando a tu puerta para tomar tu alma.
            Ese cuento de los tres días me lo tragué completito a mis 15 años de edad y cuando vi el sol salir al día siguiente, descubrí que algo estaba mal con eso de creer en cosas metafísicas.
Obviamente todos saben a qué me voy a referir con esto a la parafernalia con esto de que el mundo no nos va a agarrar confesados el día de mañana. Cosa irónica que creamos una vez más que el apocalipsis se acerca. Eso sí, parece más una estrategia de mercado, todos están embobados con los mayas con eso del 2012 que parece que el cristianismo, deseoso de ganar cabezas apocalípticas está empleando una campaña de publicidad al estilo de "nosotros también podemos acabar con la humanidad".
Seré sincero, son realmente pocas las noticias que he visto sobre el tema, en realidad hasta donde sé es un grupo evangélico que predica el fin del mundo por medio de un cálculo numerológico bíblico (lo que sé de mi vida es que la numerología tiene la misma falibilidad que la teoría de la conspiración, es decir, uno en este caso selecciona lo números bajo un "sistema" en el que el resultado de los cálculos debe de ser similar a su creencia).
            Muchas veces estuvimos a punto del fin del mundo, en ciertas ocasiones más cerca del apocalipsis que en otras épocas, como cuando el mundo se iba a acabar por una gripe de unos pollos y luego de unos chanchos y luego tsunamis provocados por EEUU y terremotos también provocados por EEUU, virus provocados por EEUU, guerras provocadas por EEUU y si, profecías bíblicas nacidas en el seno de la sociedad norteamericana.
            hasta donde sé el que inició todo es un vejete retirado que invirtió literalmente todo el dinero de su jubilación y los ahorros de toda la vida para colocar pancartas y anuncios de lo que está por venir; dentro de su lógica lo entiendo, digo, si yo estuviera convencido de que mañana todo se acaba no me interesaría deshacerme de mis propiedades, mucho menos de invertirlas en advertencias para ganar puntos con el de arriba, así que este pobre hombre solo es víctima de su propia bondad ¿tenemos que reírnos de él por actuar conforme a sus creencias de buena fe? En realidad no siento lastima por el grupo bíblico que inició todo, no es la primera vez que un cálculo numerológico erróneo hace que un grupo de personas esperen el fin del mundo, pasó en el siglo XIX, y si mal no recuerdo, cuando el fin del mundo no llegó el predicador (que por falta de internet y mala memoria no recuerdo el nombre, pero si los medios se hacen eco de la noticia de este fin del mundo de seguro en alguna parte ya habrán hecho referencia). En fin, este predicador lo único que dijo es que se equivocó en el cálculo y dio otra fecha, y así creo que la hizo unas cuantas veces hasta que mejor le paró con eso de la fecha (destello de memoria, creo que eran los adventistas del 7mo día).
            Yep, su nombre era William Miller y usó la numerología para afirmar que el fin del  mundo sería el 22 de octubre de 1844, imagine usted la decepción que se llevaron los Milleristas al ver que Jesús no bajó ni a saludar.
            Francamente me gustaría ver el fin del mundo, pero creo que no vale cuando conocemos la fecha, como si en determinado día todo hiciera ¡Kablam! y el mundo ya no es mundo sino que es otro mundo (los mayas no predijeron el fin del mundo sino tal y como lo conocemos, pero no la extinción de la raza, eso con la advertencia de que en realidad los putos mayas no predijeron nunca nada y no hay c dice que corrobore la "profecía" del 2012). El fin de mundo debe de ser un asalto repentino que demuestre la ira de Dios, poner una fecha es dar chance a la gente de pecar como quiera y confesarse un día antes del apocalipsis, eso es hacer trampa. No, yo si quiero que el fin del mundo sea una fecha repentina, que no se pueda predecir para poder vivir felizmente en la anarquía que tanto promete el apocalipsis. que la alarma suene unos segundos y no tengamos tiempo de ir a ocultarnos en una iglesia, mezquita o sinagoga, que en la televisión anuncien que de la nada cuatro jinetes están cabalgando por los cielos, que Og y Magog han sido restauradas y el templo de Salomón reconstruido, que se el arrebato se lleve las almas de los puros y castos y que en otras partes sucedan apocalipsis ad hoc, que Corea del Norte Milton Friedman llegue como lugarteniente de Reagan, que en Venezuela George W. Bush y Álvaro ´Uribe le ganen a Chávez en las elecciones; que en Francia los musulmanes tomen el poder; que llegue la democracia efectiva a la Argentina; que en Alemania haya un desastre nuclear; que llegue el cristianismo a Japón; que el Papa se haga luterano; que Berlusconi sea homosexual; que España reconquiste América; que Brasil sea reforestado; que Osama Bin Laden esté vivo; que nunca hayamos llegado a la Luna; que Elvis viva en Memphis; que a Kennedy lo haya matado la CIA, el FBI y la KGB juntos; que en el hangar 18 del Área 51 haya una nave espacial; que en Jerusalén adoren a Zeus y que en el mundo se vaya la luz.
            Quiero que el mundo se acabe, pero no quiero que me digan cuándo se va a acabar. El resto es historia.