12 ago. 2011

El Oscuro Pasajero: olas de cambio...


Voy a hablar de la noticia del momento, el hada.
Esta noticia…
Ta, me importa un carajo algo tan estúpido.
Vamos a lo importante, la marmaja está en Londres.
Muchas veces, el primer mundo asocia las revueltas al tercer mundo, en realidad no es así, sino que esa es una línea de pensamiento bastante lineal que surge de los habitantes del tercer mundo que idealizan demasiado al primero, diferenciando sus realidades y entrando en la oposición binaria de “si pasa en un país pobre, no pasa en un país rico”. Es cuestión de hacer un poco de memoria y llevar nuestros recuerdos al barrio latino de París cuando se puso de la pasita de bueno, yo a veces me pregunto cuál será la reacción del tipo que llega a su casa, cierra la puerta, mira algo de televisión, cena y duerme plácidamente; al despertar, se baña, toma el desayuno y cuando está por salir a su trabajo descubre que alguien quemó su coche durante la noche “y justo el día en que dejé la laptop del trabajo adentro” se estaría pensando.
En los últimos meses hemos visto una espiral de movimientos que tienen tres factores en común: jóvenes, redes sociales y un sentimiento de hartazgo. Pero las similitudes llegan hasta ahí; los movimientos en África surgen en el seno de dictaduras liberales marcadas por una corrupción endémica, pero entre ellas mismas tienen las similitudes hasta ahí. El régimen tunecino no es el mismo que el libio o el sirio; aliados de occidente todos ellos (con excepción de Siria que se siente fuertemente ligada a Irán), se tomaron al mundo por sorpresa por el solo hecho de que era algo nunca antes visto, impensable incluso un mes antes. Aunque con éxitos relativos y fracasos también relativos (tuvo éxito en Túnez: en Egipto se cambió de régimen para entregar el Estado a los militares; Libia es casi un evidente fracaso en el que posiblemente Gadafi sea derrotado, pero en el inter habrán hundido el país con el PIB más alto de África en la miseria total; en Siria sospecho que Al-Assad, aunque salga algo golpeado, se mantendrá en el poder).
Esta “Ola de cambio en el mundo árabe” se expandió tal vez al país más débil y dependiente de la Unión Europea: España, realmente no sé por qué siento antipatía hacia España, no es chauvinismo, puesto que es evidente mi desdén hacia la “mexicaneidad” y mi panamericanismo dista mucho de defender el aislacionismo cultural y comercial. Tal vez por la propia actitud de los españoles, su deseo de sentirse europeos por formar parte del club, pero con tradiciones culturales y sociales que los alejan del progreso (Hasta Hitler sentía desprecio hacia la grotesca figura de Franco, cuyo servilismo hacia la Alemania Nazi los volvía despreciables).
En fin, el caso es que con la explosión de la crisis de la deuda, los españoles sintieron que era su momento de exigir un mundo mejor, porque en eso consiste el 15-M, en pedir abstracciones que todo mundo quiere; en África los mecanismos de protesta eran limitados, y tomar las plazas era un acto político, puesto que la libertad de acción y movimiento lo dejaba sin muchas alternativas. Más tomar la Puerta del Sol tenía la intención de emular la plaza Tahir, sin caer en la cuenta que las realidades políticas eran otras y repetir las exigencias era hablar en el desierto cuando los reclamos de los africanos eran hechos consumados en España. Y ese es su problema, el mundo no cambia con permanecer sentados en una plaza, en México lo aprendimos durante meses en el Paseo de la Reforma, cuando un mega plantón culminó con el status quo y pérdidas millonarias para los comercios. Esto porque las manifestaciones se pueden imitar, pero tienen que mutar dependiendo del lugar y del alcance de las posibilidades; el movimiento de los “indignados” no es más que el reflejo de un pensamiento lineal que impide ver más allá para comprender que no está funcionando porque las repeticiones no tienen éxito cuando ya se ha visto muchas veces la película.
El tercer caso es más contrastante porque es más peligroso, últimamente he visto como algunos conocidos comparan los sucesos del Reino Unido con África y España, como los reclamos fuesen los mismos. Existe una diferencia sustancial con los demás movimientos, y esta es simplemente el carácter violento y vandálico de los manifestantes londinenses.
Comenzó como comienzan casi todos los estallidos sociales, es decir, con un incidente aislado que provoca un germen de indignación, esta indignación se transforma en una manifestación pacífica de algunos pocos, luego, se da un acto, un hecho por parte de las autoridades que calienta los ánimos, de ahí se pasa a la protesta activa y se expande de manera exponencial. En Francia fue el despido de Necker, ministro de finanzas de Luis XVI, en Austria-Hungría el disparo solitario de Gravilo Princip, la noche de los cristales rotos inició con la muerte de un nazi en Francia en manos de un judío solitario, el Imperio Soviético se desplomó con una huelga en Polonia, la autoinmolación de un vendedor de frutas en Túnez cambió al mundo árabe, la muerte de un hombre provocó que 200 personas se aprestaran afuera de la policía londinenses y la espera y falta de respuesta por parte de las autoridades provocó que la gente pasara a la violencia.
Mis conocidos afirmaban que el cambio había llegado a Londres, y se reían cínicamente como si el primer mundo tuviera una probada de estallido social ¿es esto un estallido social? Las imágenes y la opinión pública es hasta ahora unánime, lo que está sucediendo en Inglaterra no es para nada indignación, o sí, pero esta se ha convertido en pretexto para una lucha de clases en la que la gente pobre se ha llenado de resentimiento y sed de venganza, saqueando tiendas, robando transeúntes, quemando autos, convirtiendo la ciudad más vigilada del mundo en un lugar complicado para transitar. Más aquí no hay “indignados” no hay esperanzas, no hay consignas ni reclamos, es una revuelta en la que elementos violentos aprovecharon la coyuntura, y esta se expandió entre la gente (la mitad al parecer menores de edad) aprovechó el gusto de destruir cosas. El primer ministro David Cameron ha actuado tal vez con radicalidad, pero esta radicalidad es necesaria, puesto que la consigna es aplicar castigos ejemplares para evitar sucesos similares en el futuro; tal vez los que iniciaron todo eran personas con necesidades que el Estado no podía cubrir, pero no era la forma de manifestarse; se barajea llevar el ejército a las calles, actualmente la policía tiene luz verde de actuar como vea necesario para acallar las protestas, se van a eliminar las ayudas sociales a los que participaron en la revuelta. Mas resalta que la opinión pública esté a favor de estas medidas, puesto que es miedo lo que hay en sus cabezas. Me atrevo a pensar que en algún momento se van a minimizar estas medidas, ya que de aplicarlas a rajatabla generarían más resentimiento, y esto siempre radicaliza los movimientos.
El mundo está cambiando ante nuestros ojos, pero en realidad no es así, puesto que estas cosas pasan en todas las épocas y generaciones, no somos especiales, no somos bellos y hermosos copos de nieve, la historia no termina con nosotros, sigue como siempre y es inmóvil.
Al final, no hay nada nuevo bajo el Sol, solo una sobreexposición a rayos ultravioleta.
El resto es historia.

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