14 oct. 2011

el Oscuro Pasajero: la Guerra de Gardel


Yo de los Panamericanos tengo opiniones encontradas que me han colocado en un estado de balance perfecto; por un lado, la mala gestión de recursos, los plazos inconclusos y la opacidad a la hora de informar dejan mucho que desear de la producción misma, por el otro lado, ta, son jóvenes que vienen en una buena a un evento deportivo sin dejo de malicia.
 Eso sí, donde pongo objeciones es con eso de la derrama económica, en  teoría y principio sí, es así, pero si mal no recuerdo, los griegos invirtieron guita en caudales para los Juegos de Atenas, pero ante un error de cálculo causado por el exceso de optimismo ta, entre otros factores, hoy vemos a lo que llegó ese sobre endeudamiento. Pero, como digo, los panamericanos me han dejado en un estado zen entre elogios y criticas que me mantendrán en una postura eminentemente neutral durante su duración.
            Por otro lado, hay una noticia que ocupa mi atención estos días, y es la hipótesis sobre una guerra entre la Aarrgentina y el Uruguay.
El contexto, de forma rápida y somera fue que por allá creo que del 2006 (o después, como escribo esto desde el trabajo,  no recuerdo la fecha exacta y me es imposible ver una fuente, lo que digo lo digo de memoria, puesto que cuando llegué a Montevideo en 2008 los ánimos estaban caldeados y los puentes cortados) una empresa finlandesa de de celulosa se iba a instalar en el lado uruguayo del Rio Uruguay, casi ipso facto, un grupo de ambientalistas argentinos de Gualeguaychú protestaron ante el inminente impacto ambiental que esto provocaría. Como casi todo lo argentino (o en realidad, porteño) pasó de la protesta al radicalismo y el escenario se convirtió en propio de lo que los latinoamericanos estamos acostumbrados y en un mundo carpentiano entramos a lo real maravilloso de la sociedad americana.
Por un lado, parece que lo que molestó a los asambleístas de Gualeuaychú fue que la planta se pusiera de lado uruguayo, puesto que eso era fuentes de empleo para el otro lado, ya que de lado argentino había más de una planta de celulosa. De ahí se fue a las acusaciones de la violación del tratado del Río Uruguay sobre cuestión ambiental, el corte de puentes y una orden de mandar al ejército uruguayo a proteger la planta ante amenazas de los asambleístas de hacerla volar.
Cuando estuve en Montevideo traté de informarme de este asunto porque me parecía sui generis la idea de un conflicto semi militarizado entre dos países por una empresa privada, sumado a que la esposa del líder de los asambleístas apareció en Bailando por un sueño (el cual tiene unas 11000 rayitas por debajo en moralidad en comparación con el símil mexicano); llamadas de último momento al ministro del interior para que autorice la construcción de la planta y en alguna parte la foto de un misil argentino apuntando a Uruguay.  El calor del contexto lo resumo una vez en la que los Kirchner tenían una propuesta de ley para poner un impuesto al agro que perjudica a los productores del interior que quieran vender sus mercancías en Buenos Aires, cuando veo  Néstor dar un discurso en el que dice (y esto lo recuerdo claramente por las palabras), hablando de sus políticas hacia el campo, termina diciendo “No como los uruguayos ¡Que poco nos importan a nosotros!” y ahí el publico interrumpe en un estrepitoso aplauso aclamando a Néstor. Ese era el clima de lo que se conoce como el Conflicto de las papeleras. En ese momento los presidentes eran Néstor Kirchner y Tabaré Vázquez.
Una vez puestos en contexto, iré a lo que me tiene interesado. La ley uruguaya prohíbe la reelección consecutiva, por lo que el presidente tiene que dejar pasar un periodo antes de volver a gobernar; el gobierno de Vázquez terminó posicionado como uno de los mejores gobiernos del continente, salteando la crisis internacional con superávit, aumentando las exportaciones y con programas sociales que beneficiaron a todos, es decir, casi era el retorno de la Suiza de América, lo que lo tenía como una luminaria internacional que, junto con Lula, era foco de elogios de todos los gobiernos; en resumidas cuentas,  tenía el país en unas condiciones que le aseguraría la reelección, y así era. En el actual gobierno de José Mujica todos los pronósticos decían (hasta hace tres días) que tenía la reelección asegurada, e incluso con un amplio margen. (Sería como si en Chile y Brasil alguien compitiera contra Bachelet o Lula respectivamente). Pero se le ocurre hacer tal vez el peor desliz de su carrera, un comentario innecesario, fuera de contexto, anacrónico que parece indicar que podría cambiar el panorama político de los próximos diez años en la Banda Oriental.
Vázquez, de hecho mas no de derecho en campaña para la reelección, en un discurso que dio en una escuela ante unos adolescentes se le ocurrió mencionar que entre las opciones vistas por el conflicto de las papeleras, una de ellas fue la de irse a la guerra contra la Aarrgentina. Más allá de las posibilidades tácticas que pueda tener un país de 3.5 millones de habitantes contra Argentina (que, se quiera o no, invariablemente es aliado estratégico de una potencia económica y militar como Brasil). Más allá de la idea tacita de irse a la guerra ahora sí, solo para proteger a una empresa privada (no una idea, no un sistema, no un conglomerado internacional, sino una fabrica), la sola aseveración deja más cosas al aire de las posibles, sería como Paraguay en la guerra e la Triple Alianza. Sumado a la aseveración de que Vázquez le pidió casi de favor a Condolezza Rice que le dijera Bush que si podían decirle a los argentinos que EEUU era amigo de Uruguay para evitar el, aún no se sabe, si “posible” conflicto, lo que se hizo y, según Vázquez, fue crucial para evitar el asunto.
            Las críticas fueron inmediatas, si bien el ejército sí se había movilizado, existe una diferencia entre defenderse de radicales ambientalistas específicos a irse a los palos contra otro país, sobre todo cuando por sentido común eres consciente que duras menos que Polonia en el 39. Dicen que fue porque lo dijo en un colegio católico del opus Dei y que por tal quería dar la idea de “miren, no soy tan de izquierda y soy amigo de EEUU” El resultado llegó anteayer, con un comunicado en el que Vázquez reitera sus dichos y anuncia su abandono de la actividad política.
La noticia no es gratuita, como dije, un día uno se acostó con una realidad política y al día siguiente el Frente Amplio convoca una reunión de emergencia para persuadir a Vázquez de no abandonar o, en su defecto, de ver qué hacer ante la perspectiva de perder su principal carta y gran parte de su capital político. Suena tonto, pero es como si de repente Enrique Peña Nieto dijera que no, que siempre no va a ser candidato y que se retira a Manga del Clavo.
Yo que sé, tal vez el mañana no nos pertenece ni siquiera en las cosas de las que tenemos una certidumbre axiomática.
El resto es historia.

Los dejo con dos resúmenes del conflicto de las papeleras y el discurso de Vázquez (la fuente de todo lo que estoy diciendo)
La realidad uruguaya en Botnia
como seria la guerra si se hubiera dado (esta es del cuarteto, asi que la rompe)
el discuros de Vázquez

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