4 jul. 2013

it's always sunny in Westeros.

Pues bien, fue más rápido de lo que parecía (compré solo dos libros con la intención de que leyera uno cada dos meses, así tendría tiempo de ahorrar para el tercero y llegaría a la cuarta temporada con los cinco terminados o por terminar).
Leí el primer tomo de Canción de Hielo y Fuego (a estas alturas es inútil explicar a qué me refiero): Juego de Tronos.

Cuando uno ve en pantalla algo que le fascina y después se remite a la obra en la que está basado, el recelo es natural sobre la forma de la adaptación. Ya tenía una mala experiencia con Dexter de Jeffrey Lidnsay, la primera temporada está basada en el libro del mismo nombre, pero con una diferencia abismal entre la calidad de la serie con un libro mediocre, así que no era gratuito el recelo a la hora de tener los libros en mis manos. Sumada esa duda a los costos de cada volumen (sí, se pueden descargar desde internet pero ¿Quién lee libros electrónicos estos días?) pasó bastante tiempo para que sintiera siquiera curiosidad en la obra.
Como hincha de Tolkien, cuando escuchaba sobre historias de caballeros, reyes, princesas y castillos en mundos fantásticos, era natural que uno se imaginara orcos, trolls, magos y diferentes razas en un mundo místico. Cuando vi los promos de la primera temporada de Game of Thrones pensé que era el mismo universo, y mi primer pensamiento fue “uno más de entre miles” “otro Narnia” o “se quieren enganchar de Harry Potter”.
No voy a centrarme en por qué comencé a ver la serie, mucho menos por qué decidí leer los libros (ambas cosas repetidas varias veces en Facebook). Sino en la particularidades de la obra.
Incluso es innecesario resaltar las diferencias entre el libro y la primera temporada, porque son tan mínimas que ni siquiera importa, ya saben, personajes menores o diálogos que pueden llegar a confundir en pantalla más que aclarar asuntos. Lo que me interesa es esa siempre interesante atemporalidad de este tipo de historias. El mundo de Westeros es un mundo lo suficientemente cercano a nosotros mismos, lo suficientemente cerca como para sentir aprensión ante las desgracias de cada personaje. No es el universo fantástico de Tolkien donde el honor y el juramento es algo inviolable, donde la amistad triunfa y aunque haya nubes oscuras, el bien triunfará ante todo. Westeros es una tierra medieval donde Gandalf, Aragorn, Legolas o Frodo vivieron en la Edad de los Héroes, los cuales han dejado espacio a seres humanos ambiciosos, dispuestos a traicionar a sus señores a cambio de un mejor trato. El universo de Tolkien es un Medioevo ideal, el de Martin es el Medievo real.
Algunas anotaciones sobre el realismo de la historia, para todo aquel que esté versado en historia medieval, muchas de las situaciones narradas les parecerán familiares, incluso lógicas. Según la historia (del libro), antes de la llegada de los Targaryen “no pasaba una generación sin que dos o tres reinos se declararan la guerra”, y eso es bastante natural cuando cada uno contaba con una legitimidad propia, la reducción de sus status de reyes al de lores, sometidos a una autoridad central en la recién fundada Desembarco del Rey formó un periodo de paz donde se establecieron en condiciones de iguales los siete reinos en el reino recién fundado de... pues, Los Siete Reinos. Incluso se entiende la incestuosa relación entre los Targaryen más allá de mantener pura la sangre, una razón de estado puede explicar que esto se haya realizado de esta manera, ya que al mantener el gobierno durante miles de años entre los miembros de una sola familia sin establecer alianzas de sangre es la mejor forma de que ninguna familia sea más próxima que la otra al poder central.
Esto se demuestra una vez que los Targaryen son expulsados y los Baratheon toman el trono ¿Qué legitimidad tienen sobre los demás? No fue difícil para los Lannister considerar que ellos podrían ser los gobernantes, mucho menos considerar “acelerar” la sucesión al trono. Eso solía pasar en la Edad Media, o incluso mucho después, además de ciertos paradigmas que se repiten cuando perdida la legitimidad más de un señor llega a considerar que no tiene por qué obedecer al nuevo gobernante (cosa de recordar cuando el Imperio Español se desmoronó y las nuevas repúblicas se separaron en diferentes soberanías que no tenían por qué obedecer al nuevo poder central), de igual forma, familiares descontentos con la forma en la que se llevó la sucesión y que consideran que ellos tienen más derecho al trono (y eso sí que era muy, pero muy común en la Edad Media cuando dos personas de la misma rama familiar se disputaban el trono).
De la misma forma, las viejas leyendas de los reinos de Oriente, salvajes e indomables, exóticos, peligrosos, repletos de criaturas y hechiceros nunca antes vistos, así como reyes peregrinos, exiliados, condenados a viajar más allá de los mares llorando por sus reinos perdidos; en el Oeste la civilización se construye y tiene límites definidos, en el Este siempre hay tierras más allá, cada una más extraña que la anterior.
Es ya reiterativo decir que en Canción de Hielo y Fuego no tiene elfos, duendes ni enanos, tampoco se dirimen las batallas con grandes hechizos y anillos únicos, sino con torres de asedio, espadas, traiciones y lealtades cuestionadas. Se aleja tanto de la obra de Tolkien para ser más cercana al Baudolino de Humberto Eco que solo podría ser cabalmente disfrutada si se tienen nociones importantes de historia medieval como para comprender los conceptos más puros del feudalismo y el vasallaje. Se disfruta como espectador común, seentiendenn como ventana al pasado.
Entonces ¿Por qué R. R. Martin no escribió mejor una novela histórica? Primero, porque si bien todas esas cosas pasaban en aquellos tiempos, no sucedían en el mismo año ni a las misma personas, la ficción le ha permitido hacer que coincidan los episodios más importantes de la Edad Media en un mismo universo y en un periodo corto de tiempo, añadiendo la ceresita del pastel de incluir dragones y caminantes blancos, así como un universo tan nuevo y propio que tiene la libertad de hacer caer dinastías de un plumazo.

Solo dos dudas, hasta ahora es evidente que fue Pety Baelish es el mandó a matar a Bran, pero no tengo idea del motivo, en realidad no ganaba nada con un acto así. La segunda es Dorne, cuando Aegon El Conquistador llegó, tomó seis reinos, Dorne se anexionó 150 años después de manera pacífica ¿Por qué, no pudo o no quiso? Y sea cual sea la respuesta ¿Por qué no pudo o por qué no quiso?