7 feb. 2011

El Oscuro Pasajero: requiem por la libertad.


Comenzó el viernes, era un día normal, en la tele hablaban de Kalimba y los narcobloqueos en la ZMG, es decir, un día normal en un mundo de relevancias contrastantes.
En esas, como todos los días, un servidor oía como siempre la primera emisión de Noticias MVS con Carmen Aristegui. Así como había sido desde hace ya varios meses. Convirtiendo a esta periodista en mi principal fuente de información que consideraba realmente objetiva (es decir, del tipo “el gobierno calderonista no me convence pero a la izquierda no le creo su retórica”), tal vez el último refugio de información confiable sin la tradicional degustación ideológica entregada predigerida dependiendo del medio que la emita.
            En esa emisión (del viernes) aparece esta nota en la que se hacía referencia a una manta puesta por Fernández Noroña (el agitador de izquierda que aspira a convertirse en caudillo popular y terminará como pseudopolítico ridiculizado, recuerden que fue el que defendió a capa y espada a Godoy Toscano) en la que se hacía una maliciosa alusión a un presunto alcoholismo de Calderón. Aristegui consideró pertinente hacer un cuestionamiento público y pedir una respuesta oficial del gobierno federal ante tal presunción)
La respuesta llegó, este lunes (hoy) se anuncia el retiro de Carmen Aristegui de la empresa MVS, espacio en el que permaneció desde enero de 2009 luego que anteriormente la misma periodista fuera despedida de Radioformula por críticas realizadas a Televisa).  Así, de golpe y carpetazo el Gobierno Federal dice “al que toque el tema, lo corren”.
El comunicado de MVS dice que Aristegui violó el código de ética de la empresa que prohíbe “la presentación y difusión de rumores como noticias”. La duda está ¿pasó eso? En primer punto Aristegui presentó como noticia no el rumor, sino el hecho de la presentación de la manta. Luego, hace un cuestionamiento (no una afirmación) total mente válido en la que, antes de  comprometer la integridad del Presidente se le otorga el derecho de réplica ante una acusación hacia su persona.
A Aristegui se le obligó a pedir una disculpa, pero no una disculpa cualquiera, sino una que, como afirma Lydia Cacho, fue dirigida desde la presidencia de la república; Carmen se negó y el resultado fue el cese de su contrato. Así, así es como se mata a la libertad de expresión, así es como muere una democracia. Carmen Aristegui tenía programado para esta semana un encuentro entre Eduardo García Valseca y Álvaro Delgado para que este último expusiera sus argumentos frente a Valseca de por qué pertenece al yunque; eso no se verá, tampoco se resolverá el asesinato de Marisela Escobedo, tampoco encontrarán al chapo ni a Godoy Toscano. No pasará nada de eso porque no es la época, las formas y los códigos son otros, no es que los medios sean así, es que nos tocó vivir un momento en el que todos somos así, un momento en el que un chiste en Top Gear tiene relevancia nacional que ataca a la mexicaneidad, eso sí, cuando Andrés Bustamante use al Hooligan y todos rían, en ese entonces quiero ver la dignidad nacional de un país que no “aguanta vara”. Extrañaré a Carmen Aristegui, me despido de la radio nacional y le entrego mis oídos matutinos a Joel Rosemberg y Darwin Desbocatti. El resto es historia.