6 jun. 2009

los vaivenes del poder político.

Jonathan Tapia, Adriana Ochoa y Marcelo Beyliss
El Universal

La alternancia política, que llegó a las entidades federativas a finales de la década de los 80 y principios de los 90 del siglo pasado, luego de 70 años de hegemonía política ejercida por un solo partido, obligó a los gobiernos estatales y municipales a ser más eficientes para mantener el control administrativo, o bien, atenerse a figuras políticas de moda para atraer el voto del electorado.

La alternancia política es buena, porque obliga a los gobernantes a volverse más eficientes si es que quieren que su partido perdure, comentó la politóloga regiomontana Miriam Hinojosa Dieck.

De acuerdo con estadísticas electorales que muestran la acción pendular del voto —principalmente y de manera sucesiva hacia el PAN o hacia el PRI—, para los partidos políticos ya no es suficiente su basamento ideológico para conservar los gobiernos municipales o estatales, sino también ejercer un buen gobierno.

Ejemplos de ello se han dado en casi todas las 32 entidades federales, pero ha sido significativa en el estado de Nuevo León, donde la alternancia llegó en 1997, luego de que el priísta Sócrates Rizzo García dejó en 1996 la gubernatura a su compañero de partido, Benjamín Clariond Reyes Retana.

Esta situación llevó a los electores a elegir 14 meses después, en los comicios efectuados el 6 de julio de 1997, al abanderado de Acción Nacional, Fernando Canales Clariond, quien en esa ocasión derrotó al candidato priísta Natividad González Parás.

Canales Clariond no terminó su período constitucional y heredó el cargo a su correligionario Fernando Elizondo Barragán, para formar parte del gabinete del presidente Vicente Fox Quesada. Como resultado de esa discontinuidad, el gobierno de Nuevo León pasó de nuevo al Revolucionario Institucional en el proceso del 6 de julio de 2003, con el triunfo de Natividad González Parás sobre el panista Mauricio Fernández.

Bipartidismo más que pluralidad

Según la politóloga Hinojosa Dieck, catedrática de la Universidad de Monterrey, “ese cambio de fuerzas políticas provoca que cada aspirante de uno u otro partido busque desacreditar a sus opositores o bien, destapar acciones cuestionables ante la opinión pública”, lo que llevaría al estado a la ingobernabilidad.

La experta negó que esos cambios sean parte de un pretendido gobierno de pluralidad. “Yo no veo la pluralidad, ya que la realidad es que sigue siendo un gobierno de bipartidismo, en donde PRI es igual a PAN y viceversa”, añadió.

Factores y votos de castigo

En Sonora, donde el gobierno estatal no ha dejado de ser controlado por el PRI, fenómenos como el “factor Fox” y el voto de castigo fueron fundamentales para los triunfos y derrotas de los partidos políticos en la disputa de las alcaldías.

Cuando Fox ganó la Presidencia en 2000, el Partido Acción Nacional se apoderó de los municipios costeros de Sonora, excepto Puerto Peñasco, y de los del corredor hacia el norte, desde Santa Ana hasta Naco, pasando por Magdalena y Cananea. Con la “ola Fox”, el PAN también se consolidó en el ayuntamiento de Hermosillo.

Sin embargo, en 2003, el PRI recuperó ciudades grandes como Guaymas y Navojoa, aunque perdió Cajeme, donde en 2000 Ricardo Bours Castelo, hermano del actual gobernador del estado, había ganado la alcaldía.

De esta manera, en los últimos tres procesos electorales, los municipios más importantes del estado pasaron de unas manos a otras, sin que se consolidara el pleno dominio. Incluso, en Hermosillo, donde Acción Nacional era invencible, el PRI se impuso en 2006.

Para ello se conjugaron tres factores: un buen candidato, el voto de castigo por fallas municipales y el “factor Bours”, con referencia a la aceptación de la administración ejercida por el gobernador Eduardo Bours Castelo.

Los números

El voto también refleja el ánimo de los electores hacia sus gobernantes, como sucedió en las últimas tres elecciones municipales efectuadas en San Luis Potosí, donde en la disputa por las principales alcaldías hubo importantes altibajos en las urnas.

En 2000, para ganar la alcaldía de San Luis Potosí, Acción Nacional tuvo 106 mil 27 votos, y la conservó con 50 mil 203 tres años después y con 42 mil 142 votos en 2006.

En Ciudad Valles, el priísmo ganó en 2000 la alcaldía con 22 mil 237 votos, contra 18 mil 722 de Acción Nacional, y la perdió tres años después al recibir 19 mil 724 votos contra 21 mil 801 del PAN, partido que la conservó en 2006 con 22 mil 530 votos contra 15 mil 478 del Revolucionario Institucional.

Ejemplo clásico es la alcaldía de Matehuala, donde los panistas ganaron a priístas con 221 votos de diferencia en 2000; la perdieron con 3 mil 336 votos menos que los priístas en 2003 y la recuperaron en 2006 con 12 mil 223 votos de más —20 mil 998 contra 8 mil 675— sobre los priístas.

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