6 dic. 2009

El Manifiesto Desastre: la Fiesta Indiferente de la Libertad (FIL)

La semana comenzó el sábado, me levanté y dije, parafraseando la canción del grupo sudamericano cursi “hoy no es un día común, se respira nerviosismo en el ambiente” tomé el camión y dije “se me ve la FIL en la cara” pasadas las primeras 6 horas del sábado después de algunas visitas por parte de Tusa y Drixa, se me veía la FIL en la cara, pero no era una cara feliz. Como ente extraño en el stand, ya que todos pertenecían a la misma sociedad y colectividad (la editorial de la UdeG) no encontré mi lugar y ahí seguí parado, con rostro temeroso e indiferente a las preguntas de un personal que no tenía idea de quién era yo ni qué hacía ahí (hasta el día siguiente se atrevieron a acercarse y preguntarme si era del CUCSH).

El sábado terminó y mi cuerpo y voluntad estaban firmes, dispuestos a aguantar una feria del libro en la que no tienes feria para un puto libro. Domingo de 12 horas y lentamente me di cuenta que tengo amigos, pocos, eso sí, pero los tengo, el tipo de gente que de la nada llegan con un plato con comida solidarizándose con la causa, el tipo de gente que te lleva a fumar un cigarro entendiendo tu estrés, el tipo de gente que simplemente llega ahí, para sacarte del contexto de “¿tienes libros de historia?” a lo que respondes “¿libros de historia? Si serás pelotuda…”

Una semana de rutina descontextualizada, ir la bodega a las 9 para de ahí pasarte a la FIL, 12 horas de viajar y vender libros, de ver como todos van a conferencias y presentaciones mientras tú miras con mirada triste si alguno pasará después de su conferencia o entrevista a alguna celebridad a visitarte…

Me hicieron preguntas “¿tienes libros de jim morrison?” “¿tienes Luna Nueva?” “¿tienes Espejos de Galeano?” “¿tienes libros de Asimov?” a todos dije no, pero los mandé a su respectiva editorial, y eso me dejó una lección, tal vez la más importante de la semana: Tengo, al parecer, talento natural para vender libros y un buen trato con la gente cuando de letras se habla.

Creo que es mi vocación atender una librería, el tipo común al que le preguntas de algo que no tiene pero con rapidez matemática te dice dónde lo puede encontrar, y esa fue mi función, a tal nivel, que para el miércoles, el mismo personal de la editorial me preguntaba dónde estaba tal o cuál libro y yo respondía casi como el dueño del stand. Obviamente, con malicia traté de canalizar todas las ventas a otras editoriales para que la UdeG entienda que lo que venden no copa en el imaginario popular del común denominador.

¿Las perdidas? Orgullo y prejuicio y zombis una reescritura del clásico victoriano en un contexto de una epidemia de zombis, sutil y directamente dije “yo lo quiero, si se junta todos mis amigos y cada uno da un aporte leve por todas las veces que hice el paro, podrían comprármelo y hacerme realmente feliz” porque yo puedo estar politizado, ser ideólogo de lo que sea, pero soy amante de los relatos de terror y ficción (el único texto que me sé de memoria de principio a fin es El Cuervo de Poe), el viernes, ante las burlas de todos mis compañeros, tachando de estupidez o tontería la simple idea de reescribir un clásico (cualquiera) en un contexto de zombis; pues ante el rechazo de mis amigos, me hice a la idea de que será de esos libros que no leeré en años porque dudo encontrarlo en México (la Guerra Mundial Z de Max Brooks lo tuve que comprar en Buenos Aires, los comics The Walking Dead y Marvel Zombies los leí en PDF porque parece que en México existe un prejuicio hacia el zombi) y no me engaño, si a una criatura le temo al 100% es al zombi, por eso disfruto sus relatos, enfrentarme a mis miedos es lo mejor para comprenderme a mí mismo.

En fin, 9 días, 9 veces que fui al stand de Umbriel y 9 veces que dije “algún día leeré este libro” porque en mi imaginario, existen dos tipos de libros, los que compro y los que quiero que me regalen. Los que compro son aquellos que quiero leer, que gozo y disfruto, los que quiero que me regalen son aquellos que en verdad necesito leer, que forman parte de mi vida y, por lo tanto, necesito crear una relación afectiva que me ligue más allá del libro, sino que necesito estar agradecido con la persona que me lo regaló para sentir que el texto va más allá de lo que tengo, sino que la persona que me lo regaló en verdad vio mi necesidad (el último libro en esta categoría fue Viento Amargo de Beatriz Rivas) pero nadie entendió la necesidad de querer tener un vinculo afectivo con el texto que va más allá de lo que se entiende en el sentido completo del texto, sino el placer de haberlo recibido como regalo.

Ok, me salí de contexto, estaba hablando de la FIL y mi experiencia en este mundo. ¿Qué más digo? De cierta forma dominé el stand, pero no disfruté la FIL como todos la disfrutaron, entré creo que solo a una conferencia y de ahí en más, estuve viajando entre la zona para fumar y el stand, de ahí en más, todos miraron mis quejas y reclamos en FB, todos miraron mi rostro desesperanzado en la FIL. Encontré cosas nuevas y divertidas, conocí gente cool en el stand y de cierta forma traté de divertirme las veces que terminaba, porque era libre y era yo.

Acaba de comenzar la Bajada (para los que no saben qué es, revisen http://usuarionoidentificado.blogspot.com/2009/12/la-bajada.html ) y creo que por fin logré luchar contra todo lo que está. No conocí autores famosos, tampoco compré los libros que quería, no me quedé nunca al final de ningún concierto, tampoco redescubrí nuevos mundos, tal vez el año que viene, tal vez con Castilla y León haga cosas nuevas, tal vez no haga nada y entienda que así es la vida cuando eres adulto: perder lo que quieres por cumplir responsabilidades. En fin, a la larga, todo fue por los demás, todo fue para conseguir libros que mis camaradas necesitaban sin necesidad de pagar, todo fue por ustedes (los que estuvieron presentes y los Kasparov que no vinieron pero que estuvieron conmigo todo el día).

Trataré de despedirme con una cita, pero, como los que me conocen saben que tengo la tendencia a inventar citas famosas y atribuirlas a otros porque si las digo yo quedan pelotudas, pero si les pongo otro autor son geniales, entonces les dejo una cita de Vargas Llosa:

“Los que compran libros porque los quieren, son los que quieren los libros antes de comprarlos y piensan que son escritos para ellos, para ellos son las ferias, no para nosotros, que creemos que los libros se hacen para leerse, no para vivirse”

Al final, ni en pedo vuelvo a repetir una experiencia así…

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