1 jun. 2010

La Guerra y la paz

“El poder es la suma de las voluntades de las masas que éstas, por un consentimiento expreso o tácito, transfieren a sus elegidos” estas son las palabras de Tolstoy en el segundo epilogo de La guerra y la paz, epilogo que más bien es un ensayo sobre la historia.
Al parecer (o en opinión de un servidor) este libro debería de leerse de atrás hacia delante, o, en su defecto convertir este epilogo en una especie de introducción ¿por qué? Cuando escribimos una introducción comúnmente es eso, introducir a lo que estamos a punto de leer. El texto de adentro de solo una justificación de lo que aseveramos en la introducción. En el caso de La Guerra y la Paz todo el libro es una justificación de las últimas veinte paginas.
Cuando terminé de leer tuve sentimientos encontrados. Primero tres de alegría: por fin acabé con 957 páginas (eso pesa y desespera); leí uno de los clásicos de la literatura universal y soy menos bruto que hace un mes. Pero también de tristeza: el capitulo de Austerlitz solo me gustó hasta el final, aunque la descripción de la campaña de 1812 es brillante, entramos en el error de explicar e interpretar. Es en la interpretación donde tengo mis dudas.
Antes que nada, deseo advertir que todo lo que voy a decir se basa en reflexiones personales, así que si incurro en un error de interpretación del libro de Tolstoy pues… están advertidos.

¿Comparar una de las grandes obras maestras de todos los tiempos con un libro de principios de los noventa?
Glamourama de Bret Easton Ellis lo divido en dos partes. LA guerra y la paz la divido en dos partes. En el libro de Ellis las primeras 500 paginas (de 800) son un desfile de banalidad, superfluidad y tedio, pero de ese tedio que es tan odioso que no dejas de leer esperando que pase lo que dice en la contraportada del libro. La promesa se cumple en la página 501, cuando todo cambia y comienza el Ellis reflexivo, crítico y mordaz de su generación que vimos en American Psycho.
Al parecido pasa con Tolstoy.

La novela de Tolstoy da inicio en 1804, el año en que Napoleón Bonaparte, Cónsul vitalicio de Francia pasa a ser Napoleón I, Emperador de los franceses.
El libro está divido en 15 partes y dos epílogos. En el segundo epilogo (y con esto regreso a la idea con la que inicié) es un ensayo sobre la historia y el motor de la misma. Para él, la historia es la suma de las voluntades humanas. Los grandes hombres solo son figuras sometidas al deseo de estas voluntades. Ellos no disparan las balas, ellos no marchan a la guerra y muy pocas veces están en el campo de batalla. Al contrario; en Tolstoy hay algo de Rosseau, en donde estas voluntades humanas delegan sus decisiones en un solo individuo, pero este hombre no actúa libremente, ya que siempre está sometido al inmutable designio de Dios, motor de la historia y de los hombres.
Las primeras 465 paginas son un cuadro de la nobleza de Moscú y San Petersburgo. Girando en torno a seis personajes principales: Pedro, Andrés, Nicolás, Natacha, María y Sonia. De estos, Pedro y Andrés son los que se llevan las palmas. Entre intrigas de corte vemos la vida de Rusia mientras a su alrededor suceden Austerlitz, Jena, Tilsit.




Hacia fines de 1811 se inició el armamento intensivo y la concentración de fuerzas en la Europa occidental, y en 1812 estas fuerzas, formadas por millones de hombres, incluyendo los encargados de los transportes y de los aprovisionamientos, avanzaron del oeste hacia el este con dirección a las fronteras rusas.
Así, sin más da inicio la novena parte del libro. Al final de la octava parte, uno, si no conociera la historia de Europa, no tendría idea de que esto iba a pasar. La octava parte termina con un cometa que anuncia calamidades, pero si yo hubiera leído esto hace 8 años jamás hubiera imaginado estas frases.
Desde la pagina 466 hasta la 879 la novela se convierte en un intenso drama humano sobre la naturaleza de la guerra, la motivación de esta. Todo un cuadro histórico de la Rusia de 1812, la Rusia que venció a el ejército más grande jamás visto. En estas páginas vemos pasar Borodino, Moscú, el incendio y la salida. La glorias de Napoleón se ven eclipsadas no por Alejandro I no Kutusov, sino por todo el pueblo ruso, la suma de sus voluntades que se enfrenta al Gran Corso.
Tolstoy, crítico de la Revolución Francesa dice que en 1789 en París surge un torbellino que solo busca matar, para él este torbellino debería de terminar en París con la abdicación de Napoleón. La guerra de 1812 no es la invasión de Francia a Rusia, sino la culminación de las Cruzadas, Occidente se arma para invadir Oriente; el viento revolucionario intenta pasar el Niemen, pero no puede, es detenido y por su soberbia da entrada al periodo conocido como “Reacción” o “Restauración”
Fácilmente se pude comenzar a leer el libro desde esta parte (que, por respeto al autor no lo recomiendo) y entender el sentido de la obra, ya que al igual que Glamourama, esta primera parte es tan solo una antesala de lo que va a suceder.
El conflicto no es entre Napoleón y Alejandro, no es entre Kutusov y Murat, no, es entre la verdadera voluntad de Dios plasmada en todas las voluntades individuales y el curso inalterable de la historia. Para Tolstoy las cosas debieron suceder, decir “se pudo cambiar si…” es decir “la historia se pudo someter a la acción de un solo individuo”. Completa herejía en una visión en la que todos somos parte de un curso ineludible (para él), el cual no podemos cambiarlo de manera individual (Carlyle y Hegel se retorcerían en su tumba al oír esto. Aunque si yo estuviera muerto también me retorcería).

Tolstoy me agrada como novelista (aunque si de rusos hablamos, Dostoievski es mejor); me agrada como narrador de un drama humano, pero sus opiniones sobre el curso de la historia son para mí algo debatibles.
Primero: presenta a Napoleón como un amoral que incluso era más ignorante y con menos espíritu que sus contemporáneos. Aparece no como un hombre, sino como la bestia de los evangelios (Pedro hace una curiosa interpretación del Apocalipsis y Napoleón) destinado a fracasar por la voluntad del pueblo ruso.
Hoy sabemos que Napoleón invade Rusia no por soberbia o ambición, sino para presionar a Alejandro a ratificar una paz que el monarca ruso ignoró en Polonia y al abrirle los puertos a Inglaterra. De igual manera Napoleón pasa a la historia como el primer, último y verdadero déspota ilustrado del mundo. El código napoleónico se extendió más que la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Cuando llegó a Moscú una de las primeras directrices que hizo fue la redacción de una Constitución para Rusia (cosa que Tolstoy menciona solo de paso). ¿El pueblo ruso? Sí, sí atacó en escaramuzas, pero el que devastó a la mayoría del ejército de Bonaparte fue el frio. Así como Víctor Hugo peca de Francofilia, Tolstoy peca de cosaquismo.
Segundo: Alejandro I aparece como un soberano sabio, decente, honesto y prudente. Todos los errores de su reinado y sobre todo los cometidos durante Austerlitz y la campaña de 1812 fueron por obra de sus generales o por ignorar sus órdenes. Los decembristas deben fracasar y la Reacción era necesaria para el bien de Occidente; solo un pueblo y monarca de oriente pueden cumplir esa misión.
¿Es una buena y noble misión ser el representante del despotismo? ¿Es buena y noble misión mantener atrasado tu pueblo y crear la Santa Alianza? ¿Es buena y noble misión huir del campo de batalla y delegar las responsabilidades a otros? ¿Es buena y noble misión restaurar a Luís XVIII en Francia e ignorar que alguna vez hubo una Revolución? Lo dudo.
Tercero: Kutusov no es el general que abandona Moscú ante los ejércitos invasores, sino que es un sabio e incomprendido general que advierte el desastre de Austerlitz; que sabe que Borodino fue el triunfo máximo sobre Francia. Para Tolstoy él no ordena el fuego de Moscú, sino que fueron los arrogantes franceses que marcaron su ruina. En la novela se convierte en el salvador de Rusia sin que los demás se den cuenta.
La batalla de Borodino es presentada por Tolstoy como un triunfo ruso, pero Thiers la presenta como un triunfo francés. En realidad nadie ganó, simplemente los dos ejércitos perdieron tanta gente que terminaron la batalla y se proclamaron vencedores. El incendio de Moscú de hecho sí es ordenado por Kutusov, asimismo el incendio de todos los poblados por donde los franceses pasen para no abastecerlos.
Por estos tres asuntos critico la novela en su interpretación de los hechos, pero la elogio por la descripción de los mismos (con el grave error de datar Austerlitz el 20 de noviembre), pero este servidor (un posmodernista mexicano del siglo XXI) no es nadie para juzgarlo (un realista ruso del siglo XIX).
Para los que deseen una visión más divertida y un poco más crítica de la campaña de 1812, más fácil y rápida de leer les recomiendo La sombra del Águila de Reverte A fin de cuentas Tolstoy es Tolstoy y Lucas es Lucas. El resto es historia.

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