20 abr. 2012

Lo ke haiga que desir.



Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos electorales a cuyo final, como votantes,
solo acabamos como índices en las encuestas.
Es el supuesto derecho a una transformación nacional
el que podría fragmentar al pueblo mexicano,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por una institución,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una gran fraudulentación.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro partido en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente capital social,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda auditoria?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio desprecio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza sancionar
en cuanto no se respeta la ley electoral;
“antipartidismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
sancionado y llamado a comisiones una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de intervención,
va a entregar al congreso otra legislatura cuya especialidad
es dirigir reformas anquilosadas
hacia donde no se ha probado
la coherencia de una sola legislación,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he votado hasta ahora?
Porque creía que mi nación,
marcada por un gobierno incompetente,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al ciudadano común, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
México, comedia nacional, pone en peligro
una paz social ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser promesa de campaña,
y porque —suficientemente incriminados como electores—
podríamos ser cómplices de un fraude
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las reformas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la democracia de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del gobierno, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de las urnas e insistan también
en que los dirigentes de todos partidos permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del sistema político nacional
y de las recaudaciones fiscales del país.
Solo así podremos ayudar a todos, dogmaticos y relativistas,
más aún, a todos los seres humanos que en esta región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.