16 jun 2011

El Oscuro Pasajero: Caudillos y Dictadores


Muchas veces el mayor problema de los "científicos sociales" es la confusión de conceptos, es decir, usar definiciones erróneas porque suenan bien, se oyen científicas o porque vimos que otros las usaron para referirse a contextos similares.
            En meses recientes, he escuchado dos conceptos que aunque similares, son lo suficientemente diferentes como para no usarlos indiscriminadamente. Me refiero a los términos de "Caudillo" y "Dictador".
            Partiendo de que la duda me nació a raíz de volver a oír de Ana Ribeiro, recordé que entre mis recuerdos charrúas me traje un ejemplar de “el caudillo y el dictador” de la misma autora, que narra la historia del Caudillo (José Artigas) en sus años de exilio en las tierras del dictador (Gaspar Rodríguez de Francia, Doctor Francia para sus contemporáneos)
            Para hacer una aclaración, la mayoría de lo que colocaré a continuación no es fruto de investigación alguna, sino de pura observación y alguna que otra definición de memoria, así que absténganse de criticar el "rigor científico", cuando la ciencia más pura proviene del empirismo, todo lo que diré es fruto de quien recuerda cosas cuando megacable ha decidido no conectar mi vida quitándome internet, mucho mejor, al negarme el acceso a ciertos datos, uno tiene que hacer uso de su cabeza para entrelazar ideas (espero que en las siguientes horas, luego de confirmar mi transacción monetaria, decidan retornar el orden primigenio)
            Muchas veces acostumbramos a mirar a estos dos, llamémosle, "sujetos históricos" o "actores sociales" como herederos de la misma matriz ideológica que es la búsqueda de una consolidación de la autoridad en un territorio con un debilitamiento institucional considerable.
            El dictador tiene un origen más antiguo que el caudillo, y puede que ahí radique la diferencia con el caudillo. Según la ley romana, en tiempos en que la república estaba gravemente amenazada, el Senado convertía a un ciudadano en dictador (no tenía que ser obligatoriamente un Cónsul). El dictator tenía control supremo de Roma, tanto del senado como del ejército durante cuatro años, tiempo aproximando considerado para acabar con la amenaza. El caso más simbólico (e idealizado del espíritu romano) es el caso de Cincinato, quien luego de cumplir sus deberes como dictador se retiró al campo a seguir labrando la tierra, renunciando a la gloria y el poder absoluto. Sin embargo, la figura "moderna" que tenemos de un dictador fue el caso de Julio Cesar, que una vez triunfado sobre Pompeyo se autoproclamó dictador vitalicio para así tener poderes supremos y reorganizar la hacienda y la administración romana. Precisamente de ahí proviene la idea clásica de la dictadura, es decir, la suspensión de la actividad política para un proceso de "reorganización institucional".
            El caudillo surge comúnmente de una ausencia de influencia, se hace a sí mismo sin depender de los mecanismos institucionales que le otorgan legitimidad al dictador. El caudillo es un dictador sin dictadura.
            Partamos de las diferencias, de entre las cuales la principal es precisamente la existencia de la institucionalización. El dictador proviene de y controla las instituciones, abrogándose el derecho de hacer de ellas como le plazca; el caudillo pasa de estas, su autoridad radica en la fuerza implementada y en las lealtades personales que se forman a su alrededor, no tiene escrúpulos en modificar el Estado a su gusto comúnmente desde una matriz ideológica contradictorias.
            El caudillo depende de un sistema clientelar, donde ciertos grupos, temerosos ya sea de nuevas ideas o deseosos de imponerlas, brindan su apoyo, esto hace que el caudillo, a diferencia del dictador, sea un fenómeno eminentemente regional. Claro que puede el caudillo puede acceder el gobierno nacional (como Rosas, que iniciando como caudillo bonaerense se hizo con el control de las Provincias Unidas del Río de la Plata o, no sé, Vito Corleone).
            La institucionalidad es lo que más entra en juego, porque de ahí proviene la legitimidad. El dictador al controlar el Estado, proviene igualmente de este, su autoridad, aunque implante un régimen personalista, se vale del temor de la población a las instituciones, así, "expande el estado" a niveles en los que tiene como objetivo controlar no solo la vida pública, sino el ámbito privado, modelando las conciencias para impedir todo signo de sedición; razón por la que su ausencia decanta en dos posibles escenarios: ya sea una "purificación" de las instituciones (reduciéndolas al ámbito exclusivamente público), preservando la permanencia de estas bajo un modelo democrático (los periodos de “Transición democrática”); o su relativo colapso y la aparición de caudillos ansiosos de retomar los restos.
            Con el caudillo el resultado es diferente, al prescindir del Estado para controlarlo, su obra y existencia institucional depende de su figura y temperamento. Cuando el caudillo desaparece, todo lo que estaba ligado a él se desprende y derrumba. El frágil orden se colapsa y da paso a un periodo de anarquía en la que se busca una nueva definición del Estado, comúnmente contraria a la defendida por el caudillo o los que lo secundan.
            Teóricamente el caudillo es más peligroso que el dictador, debido a que el dictador aunque impera sobre todos, no lo hace de manera arbitraria, ya que dentro de su ser se oculta un respeto hacia la institucionalidad (y de ahí el reforzamiento de esta), si gobierna despóticamente, lo hace por medio de la ley y con ella se ampara, controla al legislativo, y este actúa según su programa de gobierno; el caudillo es peligroso porque la ley le es indiferente, juega con ella a cumplirla y violarla cuando y donde le guste, sus constituciones son parodias de repúblicas bananeras y emana el aire mesiánico donde el gobierno existe porque él existe, y toda la sociedad está sometida a caprichos y berrinches.
            ¿Puede el caudillo convertirse en dictador o viceversa? puede y no puede, y lo ha hecho, pero no es tan fácil, lo que es obvio es que el dictador no puede transformarse en caudillo bajo ningún precepto. El que Santa Anna haya sido presidente omnímodo y promulgado las 7 leyes no lo hace dictador, sino que sus arrebatos lo siguen haciendo un caudillo puro. Benito Juárez es un ejemplo de caudillo devenido en dictador; partiendo de una base social de estrato bajo en Oaxaca hasta convertirse en autócrata del país centrándolo por medio de leyes y decretos que sofocaban todo signo de sedición.
            Caudillos actuales y dictadores actuales son fácilmente identificables, siempre depende del debilitamiento institucional alrededor de ellos y del fortalecimiento. Por ejemplo, podemos catalogar a Corea del Norte como un régimen dictatorial y a Ecuador como un gobierno caudillista. ¿Por qué? porque Corea del Norte ha creado un culto a la personalidad amparado por un Estado omnipresente donde caído el rey-presidente-líder-tlatoani-shogun o lo que haya allá, el Estado está capacitado para permanecer en la figura de un sucesor que dé continuidad; mientras que es perfectamente posible que con la desaparición de Rafael Correa, su gobierno se colapse y abra un periodo de reconfiguración de fuerzas políticas bastante polarizado.
            como ven, es realmente fácil detectar las características y diferencias entre un caudillo y un dictador; todo esto para decir que medio que estoy hasta la madre de que llamen a Chávez dictador, es un caudillo, y una vez cortada la cabeza de la revolución bolivariana, les aseguro que esta durará menos que la credibilidad de TV Azteca.

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