4 mar. 2010

Confesiones


No soy simpático ni carismático, no soy músico ni seductor, no soy activista de Greenpeace ni luchador social, tampoco tengo mucha ambición ni sueño con un mundo mejor; no me gustan las pelis de paises que ni conozco y prefiero una explosión; me gustan las historias tristes porque quiero saber que hay gente que sufre más que yo. Soy el mejor amigo que muere al final para salvar al protagonista de la historia; en la banda de la vida soy el baterista y en el libro de la humanidad soy la hoja mal impresa.


No soy una fachada de alguien más misterioso, no soy espia ni agente secreto, detrás de mí no hay pasado obscuro ni anecdotas para contar; no tengo cuentos para amenizar la velada ni historias compartidas con personas importantes.


No tengo en mi bolsillo un boleto solo de ida, porque no tengo siquiera a dónde ir; en mi pasaporte no hay sellos de todo el mundo, ni en mi credencial prueba de haber votado; en mis libros no hay anotaciones ni reflexiones para la posteridad escritas al margen de la pagina y no hay frases subrayadas porque llegaron a mí; en mis cuadernos la última hoja está limpia y no tengo un casette grabado con las canciones que me hacen llorar.


Nunca he recogido un premio que me haya ganado porque no necesito la bendición de los mayores, busco la aprobación de mis iguales porque entre ellos prefiero moverme; no creo en la democracia ni en el abuso de poder; no sé andar en bicicleta ni caminar sin tropezar; no creo en Dios porque no recuerdo qué se siente creer;


 ¿qué me queda? solo mi inteligencia, pero no hay forma de seducir a una mujer si no se tiene alguna de las ausencias anteriores.

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