3 may. 2010

18: el concilio de las hadas


¿Qué es esto?—me dice Carlos mientras lee la hoja
            --es un manifiesto—le digo—ahí están las razones de por qué les pedí lo que les pedí.
            --No nos dijiste que teníamos que traerlo escrito—me espeta Daniela.
            Esa niña tonta no entiende, simplemente no entiende, si les dije que hicieran algo y no digo que es escrito es porque no es escrito, esto es otra cosa, solo una justificación, un epilogo, una forma en que yo les puedo dar a conocer mi mundo, mi forma de ver la sociedad y por qué esta debe de ser cambiada ¿es muy difícil de entender niñata?
            --no—le respondo lo más amable que pueda—solamente es una hora de preámbulo, ya sabes, para hacerla de emoción.
            Me canso de verlos leer, parece que lo hacen mecánicamente ¿qué nadie de ellos tiene ideales? A ver, tenemos la misma edad, provenimos casi del mismo ambiente familiar y social y tenemos el mismo nivel de estudios, no entiendo entones por qué ellos, a diferencia de mí, no son capaces de comprender  los problemas que atacan a la sociedad y ser consientes de su papel en ella, o tal vez sí estén consientes tanto de los problemas como de su capacidad de solucionarlos, solo que no les interesa, peor, en el peor de los escenarios es mejor no saber que se puede, a saber y no querer.
            Una vez que noto que ya terminaron, excepto Carlos que parece revisarlo tratando de econtrarse un sentido, como si hubiera algo escrito entre líneas, les pregunto qué les parece, qué es lo que opinan.
            --qué creo que te tomaste más tiempo que nosotros en esto—contesta Julián—yo no llegaría al segundo párrafo.
            Por supuesto que no llegarías al segundo párrafo si no es agarrado de las piernas de una de esas “amigas” que frecuentas.
            --supongo que es porque me interesa el tema—le contesto con humildad—tú harías lo mismo si se tratara de escribir el guión para algún videojuego o eso ¿no crees?
            Asiente en tono dubitativo, como quien acepta el comentario pero con las reservas del caso de si es capaz aun así, de llevar a cabo la propuesta, francamente dudo que sea capaz de algo así. Pero no me inmuto, estoy acostumbrado a hacer halagos a gente que dudo sea merecedora de ellos.
            --¿Y bien?—me contesta— ¿Qué propones con esto?
            ¿Qué crees que quiero pendejo? ¡Abrirles los ojos!
            --solo es parte de un proyecto en el que estoy trabajando, un intento de novela ¿saben? Un experimento en varias partes y con distintas narrativas, una historia acerca de una generación que decide tomar el destino del mundo en sus manos y hacer valer su verdadero poder.
            Noto que estoy excitado, lo sé porque siempre me pasa cuando hablo de esto, la sangre fluye y mi voz emite sonidos más rápido de lo que puedo pensarlos, pero son pensamientos realmente agradables, interesantes, coherentes, como si una fuerza se apoderara de mí ¿saben? Una puta fuerza que estoy seguro es la fuerza del pueblo que está cansado del mundo en el que vivimos y  necesita del cambio.
            --¿Para eso nos pediste que pensáramos en eso, para una novela?—dice Carla escéptica sin despegar la mirada de la hoja—por un momento juraría que era algo serio, no digo que una novela no sea seria, solo digo que en verdad estabas tratando de encontrar alguna idea o forma para planear un Golpe de Estado.
            Sonrío.
            --Magnicidio—dice Héctor—no Golpe de Estado.
            --¿cuál es la diferencia?
            --en un golpe las fuerzas que se ponen en marcha son miembros del propio Estado, por eso es un golpe, ya sabes, por ejemplo, si ahora el secretario de turismo decidiera llegar a Los Pinos y destituir al tipo, técnicamente sería un golpe de estado, porque alguien de adentro se apoderaría del país.
            --pero sería siendo un magnicidio.
            --al contrario, en muchos golpes de estado no ha habido muerte, de hecho es en los menos cuándo matan al presidente, en Chile Allende se suicidó, eso no es un magnicidio, en Argentina a Isabel de Perón la arrestaron y en Uruguay fue el mismo presidente el que dio el golpe.
            --¿tons en qué consiste un magnicidio? Así, al pedo—dice Julián.
            --un magnicidio es cuando matan a una figura relevante dentro de la política, las muertes del noventa y cuatro, Colosio, Ruiz Massieu, incluso el Cardenal, son magnicidios, no tiene por qué ser el presidente ni el que lo mate debe de tener por objetivo apropiarse del Estado.
            --bueno, como sea—dijo Carla—el asunto es que no pasó siquiera por mi  mente una novela.
            Ni por la mía.
            --entonces—me mira Daniela— ¿qué tanto es lo que llevas?
            --hasta ahora bocetos—le digo—algunas ideas en la mente, otras escritas en cuadernos, pero solo citas, algunas páginas están terminadas, pero son cosas no consecutivas ¿sabes? Un dialogo que se me ocurre y prefiero anotarlo sin que lleve cronología estable.
            --¿cuándo comenzaste?
            Parece que ahora soy el centro de atención, no entiendo, hace unos minutos nadie quería saber nada del plan, pero cuándo digo que es ficción ahora de repente se torna interesante ¿acaso les parecía imposible la posibilidad de que eso pase? ¿Tenemos que limitarnos a la ficción las grandes transformaciones del mundo? A veces creo que mis amigos son lamentables.
            --se me ocurrió hace varios meses, pero comencé a documentarme hace dos, por eso les pedí que hicieran eso, quiero ideas para cuando me meta definitivamente a ponerme a hacerla ¿saben? Ideas para títulos, tramas, subtramas, contextos y posibilidades ¿saben?
            Todos asintieron entusiasmados, les gustaba la idea, jugarían a ser revolucionarios, ya les demostraré yo que tanto es superada la realidad cuando la ficción se empeña.