13 may. 2010

28: dilemas de oficina


--bueno, pudo ser peor.
            --¿cómo es eso?—le pregunto.
            Estamos en la oficina del trabajo tratando de encontrar una forma de salir de un problema en el que nos metimos gracias a la funcionalidad de las computadoras modernas.
            --bueno—me dice—se pudo perder el archivo.
            --eso es lo que no sabemos aun, tal vez sí se perdió y si pasa, ya la cagamos.
            --no no—se levanta para tomar su taza de café—si se trabó pero llevaba rato abierto, la comp. Tiene auto guardado cada cierto tiempo por default, precisamente para evitar este tipo de cosas.
            --está bien, puede que ahí la hayamos librado, pero de todas formas vamos a tener que empezar de nuevo porque la presentación sí creo que no se guardó.
            Asiente, saca un cigarro y sale para fumarlo en el patio mientras me deja pelearme con la computadora. Tengo dos opciones, esperar a que se destrabe y seguir como si nada, o admitir que si en diez minutos no se recuperó, significa que no lo va a hacer y apagarla de golpe para reiniciarla, lo que implicaría la posible perdida de la información de Word, esa solo posible y la desaparición de la presentación, lo que sí es necesario terminar para hoy u nos llevó las últimas dos horas para hacer las gráficas.
            Al final me decido por la última mientras mi compañero se acerca con gesto de duda, lo miro como quien mira a una persona que está a punto de enterarse que un familiar ha muerto, muevo levemente la cabeza y él asiente silencioso admitiendo una vez más la derrota del hombre por la máquina.
            --esas cosas siempre pasan cuando uno trabaja.
            --no—le digo—siempre pasan a todo momento, solamente que nomás nos damos cuenta precisamente cuando estamos trabajando, en las demás solo decimos “mierda, se trabó” la reiniciamos y la vida continúa igual. Así pasa con las compus y así pasa con todo lo existente en el mundo.
            --okey, ya te vas a poner psiquis otra vez, mejor me voy a comer algo, vengo en una media hora ¿quieres algo?
            --no, gracias, trataré de recomenzar esto para poder salir temprano.
            --lo dudo, ahorita que regrese lo terminamos y ya, así no hay tanto pedo, de todas formas, si no se recupera el archivo ya tenemos idea de qué hacer.
            Agarra su morral y sale, para mí mejor, me gusta trabajar sola, eso me da la libertad total de desenvolverme a mis anchas sin tener que llevar el ritmo de los demás, ya sea esperar a que me alcancen o tener que apresurarme para poder llegar a su nivel. No, es más fácil trabajar uno según su ritmo.
            Me levanto y agarro café de la cafetera. De todas las creaciones humanas o descubrimientos, el café debería estar junto al fuego o la rueda, no reconozco alguna otra cosa formada con esa calidad y poder. Además de la tranquilidad y paz que otorga una buena taza de café mientras miras cómo el mundo se derrumba alrededor de uno, un placer efímero y renovable en este mundo caótico, lo más cercano a un orgasmo a la vista de todos y consumido con regularidad.
            Me paro con la taza entre las dos manos y observo fijamente la computadora dándole órdenes mentales.
            “enciende”
            “enciende”
            “enciente”
            “la puta madre ¡Préndete!”
            Nada, el mismo silencio como si fuera un policía que se enfrenta con un criminal que acaba de llamar a su abogado, silencio total y sepulcral.
            --así que quieres jugar de esa forma, pues jugaré con las mismas reglas y te cagaré la vida puta compu.
            Me levanto poéticamente como si fuera un asesino a punto de cometer su ritual homicida y desconecto la fuente de poder, automáticamente, gracias a un solo acto de voluntad humana he sacrificado sin cuartel toda la tecnología existente en la habitación, con el enchufe en mi mano miro alrededor, la reina del mundo acaba de vencer una vez más a las maquinas y sin necesidad de John Connor. Pero también soy una persona magnánima que sabe perdonar a aquellos que en su momento me traicionaron.
            --yo no soy como tú estupida maquina, yo soy buena.
            Dicho y hecho vuelvo a conectar y comienza de nuevo ese característico ruido del ventilador del CPU.
            --he restaurado el orden.
            --miro la pantalla de inicio de Windows mientras se carga, error, hubo un aspecto que no tenía en cuenta, esta cosa pide contraseña y yo no la tengo, siempre que recuerdo que la debería de pedir no hago porque estoy segura de que no será tan necesaria, hasta que llegan estos momentos en que recuerdo que es necesaria, me juro pedirla ahora sí y de seguro lo  olvidaré. Esa es la desgracia de siempre llegar y ver todo encendido, no consideras necesario que algo así pueda ser de importancia.
            --bueno—me digo mientras me siento y terminó el café—media hora tirada a la basura.
            Hasta que no funcione no tengo nada que hacer, así que trato de despejarme buscando alguna revista o libro que esté perdido en la oficina, tomo un ejemplar de Proceso  y lo ojeo buscando algún articulo interesante; la parafernalia que existe con respecto al narco me tiene algo cansada, hoy día todas las revistas o publicaciones dedicadas de alguna forma a la sociedad o descripción de esta hablan del narco, está bien, es un problema endémico de la sociedad que debe de ser combativo, no el narco en sí, no, creo que me expresé mal. A lo que me refiero es que es una política de Estado fundamental y es obvio que se le dé tal cobertura, pero también es molesto que otros aspectos que bien podrían importarle más a la ciudadanía se estén quedando de lado no solo para el gobierno, sino para el ciudadano común debido a que hasta las publicaciones más críticas lee dan una importancia mayor. Llámenme ingenua, pero dudo que el narco sea la causa del desempleo y que acabando con él todos tendremos trabajo, ni siquiera de la violencia, porque la violencia es generada por las condiciones de pobreza y el deseo de obtener ingresos de cualquier forma posible. La violencia no genera la pobreza, la pobreza genera la violencia. Además, mucha gente de los llamados “drogadictos” consumen la droga no por placer, sino para escapar precisamente de los problemas generados por la pobreza, si no encuentro trabajo, entonces busco la salida fácil. Legalizar la droga generaría una industria que daría ingresos en concepto de impuestos al Estado, al mismo tiempo que generaría puestos de trabajo legales y un control dentro de la comercialización, sin tener en cuenta que muchos dejarían de consumirla porque estoy segura de que en los grupos de jóvenes que se inician en el asunto, lo hacen no por el placer de hacerlo, sino por el acto supuestamente subversivo que implica fumar marihuana.
            Esa era la forma de arreglar las cosas, si todos los medios ignoraban el tema del narco y se centraran solamente en la pobreza, el Estado terminaría actuando en consecuencia.