29 oct. 2011

El Oscuro Pasajero: ¿pingüino o pingüina?


El día de anteayer (“antier” para los profanos) se cumplió un año de la muerte de Néstor Kirchner. Recuerdo que ese día estaba en casa mirando uno de esos noticiarios locales de poca credibilidad y lleno de prejuicios sociales. Entre sus titulares apareció el anuncio de la muerte del ex mandatario argentino. Mi primera reacción fue de burla y de que eso era absurdo (mea culpa la idea de pensar que ciertas figuras tienen que tener muertes mas mediáticas y no repentinas). Inmediatamente revisé las noticias y resultó finalmente que era cierto.
Los analistas se avocaron a medir las consecuencias de tal acontecimiento, colocando los reflectores en su esposa y actual presidenta Cristina Fernández. A un año de los acontecimientos en ese momento ya se hablaba del impacto que tendría en las elecciones y la opinión era unánime, ante un kirchnerismo cada vez mas deslegitimado y agotado, la muerte de Néstor lo catapultaría a niveles históricos convirtiendo a Cristina de la consorte del gobernante tras las sombras a la viuda que permanece fuerte y que no se quiebra en la crisis.
El domingo pasado, el “modelo K” se impuso en unas elecciones más que históricas, donde ya no virtualmente, sino consagrada en la realidad, como en toda democracia (y sobre todo con la tradición cultural latinoamericana) el primer grito que se dio fue el de fraude. Pocos meses antes se hablaba de la decadencia del Modelo K y de su inminente fin; muchos actores sociales ya hacían sus apuestas hacia las nuevas fuerzas políticas que se podrían imponer; luego que se dieron las primarias y con la victoria aplastante de Cristina muchos de sus antiguos rivales y críticos se lanzaron a pactar acuerdos con una realidad que no iba a cambiar en las elecciones, y esta era que el Kirchnerismo llegó para quedarse.
¿Tuvo que ver la muerte de Néstor en el triunfo de Cristina? Marín Caparrós dijo que en la Argentina no hay político más poderoso que la muerte, y esto se hace presente desde la muerte de Juan Domingo Perón en donde el fantasma de Perón se mantiene flotando en todo el espectro social argentino. Asimismo, anteayer se erigió un mausoleo dedicado a Néstor, convirtiéndolo en el ángel protector de Cristina Fernández (de quien siempre me he preguntado el por qué de seguir usando en apellido de casada).
Cuenta un chiste en el que Bill y Hillary Clinton van en la carretera y miran a un empleado de una gasolinera, Hillary dice “ese fue mi novio” a lo que Bill responde “¿En serio? Si te hubieras casado con él serías la esposa de un empleado de gasolinera” comentario que Hillary replica sentenciando “No, si me hubiera casado con él, sería ahora Presidente de los Estados Unidos”. La fuerza y no la suerte de la consorte es la que muchas veces ayuda a un mandatario a subir al podio, y la Aaarrrgentina es ejemplo claro en el que Eva fue la mejor operadora política de Perón.
¿Pasó lo mismo con los K? en Cuentos Chinos Andrés Oppenheimer el economista narra un encuentro con Néstor y Cristina cuando éste era presidente, en tal reunión la hostilidad del mandatario hacia el escritor era evidente y se detuvo en un podio de arrogancia abandonando la reunión a la mitad, no así la esposa que decidió permanecer ahí para escuchar lo que tenía que decir su compatriota; la impresión del autor fue de una total desconfianza hacia Néstor, pero cierta empatía para con Cristina que, aunque navegaba en un espectro ideológico opuesto, por lo menos estaba dispuesta a debatir ideas.
¿Fue Cristina Fernández la principal operadora política del Kirchnerismo? Sí ¿Habría podido hacer algo sin Néstor? No.
El país se llenó de tributos hacia “él” porque nombrar a un santo en boca de un profano es pecado, Néstor Kirchner no existe, existe “Él” y solo él. El santo laico y secular de la Argentina mundial, peronista y popular. Ahora hay calles, escuelas, clínicas con su nombre, y el hombre ha desaparecido, ha nacido el mito, el mito reciente de un hombre que tiene todos los pecados del mundo, pero la virtud de sobrevivir a la peor crisis financiera de la Argentina.
Recuerdo cuando estuve en la Argentina de Cristina, la primera vez fue un 1 de mayo donde vi un comedor piquetero y una concentración en la plaza de mayo en la que me metí como uno más, recogiendo panfletos y midiendo de oídas el clamor nacional; tiempo después volví y era la Argentina del “futbol para todos” y el conflicto con Clarín, es decir, en el proceso de año y medio había visto una radicalización de la política oficialista en la que las criticas internas eran evidentes y los defensores de los K eran cada vez más extremistas.
Una cosa de la Argentina que uno mira es que es un país sencillo, sencillo en el sentido en el que no existe esa “complejidad” que existe en otras realidades políticas, donde todo se reduce a hinchadas y “K” y “Anti K” donde siempre se tiene que tomar postura (y les pongo un ejemplo claro para todos, entren a http://www.taringa.net y pongan en el foro la letra K, Modelo K, CFK o Kirchner aparecerán varias notas, lean los comentarios y verán como en fracción de segundos se polariza cualquier debate en K y anti K.
Hoy día la Argentina se prepara para la primera Autocracia legitimada por la democracia. Donde una sola persona tiene en su poder parlamento, sindicatos, la mayoría de las provincia y una diferencia abismal contra la fuerza política que le seguía, a nivel de que el termino de “oposición” es ahora nulo.
La Argentina en la que Néstor está con Perón, el Pueblo con Cristina es ahora evidente, pero ¿Cristina está con el pueblo? ¿Podrá llevar este mandato sin su principal aliado, sin Él? Reproduzco un fragmento de un cuento escrito el 15 de mayo de 2009 llamado “La solución final” donde se narraba el, en ese momento, único camino para hacer que Kircherismo ganara las elecciones. La conclusión es superada y confirmada por la realidad.
El resto es historia.



"–¿Y entonces?
–No se hagan los boludos, muchachos, que me entendieron perfecto.
Los tres hombres se miraron como se miran los que no quieren ver lo que están viendo: la esposa manoteando una entrepierna ajena, el telegrama de despido, aquella foto de sus veintiuno.
–¿Vos querés decir que para que hagamos una buena votación en junio se tendría que morir alguien?
Le preguntó despacito el segundo, muy flaco, barba rala, sus ojeras.
–Vos sabés que estoy diciendo eso.
–¿Pero quién, animal, de quién estás hablando?
–¿De quién voy a estar hablando?
El mozo llegó con la segunda botella de montchenot y un par de provoletas bien doradas. El tercer hombre, pelo largo entrecano, prestancia de caudillo antiguo, amagó una sonrisa: ¿pingüino o pingüina?
–Veo que ya nos vamos entendiendo."