26 jun. 2013

Oposición impresentable


Cuando uno habla de oposición de manera general se está refiriendo a algo que está en contra de otra cosa (demasiado obvio para tener que resaltarlo). Sin embargo, esta definición puede ser más perniciosa de lo que parece.
Por lo general, cuando hablamos de oposición política nos estamos refiriendo a aquellos que se encuentran “en la otra vereda” del poder. Así, la oposición la conformaría todo aquel que no esté a favor de determinado gobierno.
El primer problema al hablar de oposición es que se hace en singular, dando la apariencia de que esta es homogénea y uniforme con una sola linea programática, que es la de oponerse al gobierno. No se debería de hablar de oposición, sino de oposiciones para establecer la heterogeneidad de ideas dentro de un grupo cuyo única relación entre sí es la de no estar gobernando. Sin importar de qué corriente ideológica provenga el gobierno en turno, siempre habrá sectores tanto de su propia corriente como de la contraria que encontrarán contradicciones y asuntos cuestionables.
Por ejemplo, en México hablar de oposición o, como se suele decir “partidos de oposición” a uno le deja pensando que comparten la misma plataforma, cuando por un lado tenemos al PAN (de derecha), al PRD (de izquierda), y a una pleyade de partiditos (sin tomar en cuenta ese monstruo repugnante llamado MORENA) que se mueven alrededor de los grandes como rémoras. Algunos de ellos comparten las ideas del gobierno no por proyección ideológica, sino porque de ellos depende su existencia.
Aunque mi intención no es explayarme sobre el tema México, sino que me gustaría hacer incapie en un mundo donde la oposición es tan grande, pero tan condenada a implosionar que funciona como laboratorio explicativo de porqué el término “oposición” simplemente funciona para el Estado pero hasta ahí. Me refiero a la Argentina.
Desde el asenso de los Kirchner, Argentina ha estado sumida en una serie de contradicciones acomodaticias que aquellos que simplemente no les gusta la forma del gobierno no saben a qué espectro dirigirse cuando el gobierno está compuesto por supuestos militantes de izquierda que hacen negocios cupulares con grupos corporativos y transnacionales. Pero no termina ahí, sino que la sola forma de dirigirse hacia la sociedad por parte del gobierno parece una imitación de como ciertos regímenes totalitarios (y me refiero a Venezuela) utilizan los medios estatales (y forzando a los privados) para emitir cadenas nacionales para informar de las medidas tomadas hasta en los asuntos más triviales. Esto no es gratuito, responde a dos aspectos puntuales, uno de ellos es dar la apariencia de un gobierno que está constantemente trabajando (en Venezuela funcionaba con Aló Presidente, en la Argentina la usan hasta para anunciar la venta de muñequitos, y no es una metáfora o comentario malicioso, es cierto, Cristina vendió muñequitos nacionales y populares), y el otro para forjar un lazo entre la sociedad y el gobernante haciendo más familiar el mensaje, no le habla al pueblo, te habla a ti, televidente.
De todos los lugares en el mundo donde se puede hablar de relaciones totalmente antagónicas en casi todos los aspectos de la sociedad, la Argentina se lleva las palmas. Dicen que los argentinos lo reducen todo a nivel de hinchadas como si fuese un partido de fútbol, pero sería realmente al contrario, en realidad lo argentinos llevan el fútbol a sus niveles de temperamento social.
Hay gobiernos cuyo lema es el consenso, entendido este como el interés del Estado por pactar con las demás fuerzas políticas los programas de gobierno, hay gobiernos de coalición, que son estos aquellos en los que los partidos de oposición no solo son invitados a dialogar, sino a formar parte del mismo gobierno (esto se entiende como cuando son designados secretarios de Estado algunos miembros que militen en otras fuerzas políticas).
Pero hay gobiernos que hacen de la confrontación su sello personal; no es solo el cuestionamiento de las políticas del gobierno anterior (eso es relativamente común cuando gana la oposición), sino que intentan crear un parteaguas entre el ellos y el nosotros.
No me voy a explayar en los aspectos de este tipo de gobiernos porque ya lo he hecho bastante en otras ocasiones, pero quiero referirme a la Argentina por una razón que resalta de los casos de Venezuela y el lopezobradorismo. Y es el hecho de que la oposición argentina tampoco canta mal los tangos.
Uno de los errores más naturales que llega a cometer el hombre en el terreno de las ideas, es la aplicación de la ley de signos donde el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Y ahí es como, a diferencia de lo que sucedió en Venezuela, donde Enrique Capriles logró convertirse en un candidato de consenso aglutinando a las corrientes opositoras al chavismo. Esto no fue nada fácil, principalmente cuando tenemos en cuenta que el entre la oposición al chavismo hay desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda (aunque dudo que estos hayan cerrado filas con Capriles). Sin embargo, con un discurso conciliador para con los suyos y los otros, logró aumentar su capital político en un país donde el monopolio del mismo fue del chavismo, aunque no todo fue por Capriles, sino que el país que dejó Chávez y el peor heredero para resolverlo por medio de una campaña que asemeja a la de López Obrador en 2006 (por haber iniciado con una victoria segura hasta hundirse en las preferencias).
Sin embargo, esa nación austral que es la Argentina parece que nunca logró conciliar la idea del dialogo con el pragmatismo. Hay diferencias, claro. Principalmente es que los que están ligados al Kirchnerismo realmente son incapaces de definirlo. Cristina saluda con la izquierda pero se viste con la derecha; obsesionada con los viajes a Europa, la ropa de diseñador, las joyas y la posesión de inmuebles que utiliza a Eva y Perón como los arquetipos de la nueva Argentina, cuando esta es tan nueva que recurre a lo más viejo del imaginario. A veces de derecha, a veces de izquierda, simplemente el gobierno Nac&Pop no se sabe definir con nada; y eso para la oposición es un desastre.
Por qué? Porque la oposición no tiene forma de definir a un gobierno contrario cuando sus practicas e intereses son muchas veces compartida. Si bien el gobierno, para cada estupidez que comete solo se atreve a decir que fue una operación de Magnetto—dueño del Grupo Clarín, algo así como el Televisa rioplatense—con un guión cuyos seguidores repiten para todo, incluso creando un nombre propio para este mundo de las redes sociales, los “Ciber K”. así, para un Ciber K todo el que los critique es un milico golpista cómplice de la dictadura y operador de Clarín, para la oposición todo el que diga algo positivo del gobierno es un choripanero, chorro y viven en la diKtadura.
La oposición argentina aglutina visiones tan dispersas que, a diferencia de la venezolana, no se pueden ni siquiera unir porque la misma naturaleza argentina les impide reconocer siquiera un liderazgo entre ellos, cosa fundamental si la intención es evitar que una persona carente de ideología se apodere de lo que queda del Estado por medio de movilizaciones y medidas tan absurdas como la elección de magistrados de la corte por medio de listas electorales—lo que obviamente significa su subordinación al partido postulante—.
El único que ha logrado por lo menos generar reacciones al gobierno, es Jorge Lanata. Anteriormente feróz crítico de Clarín, pero hoy trabajando para ese medio ¿Por qué? “Panqueque” es lo único que se le ocurre decir a los K, y siempre le quieren devolver la moneda cuando habla del gobierno haciendo referencia a lo que alguna vez dijo del conglomerado de medios—como si una cosa negara la otra—. Tal vez la respuesta más coherente es el sentido común de Lanata al aplicar la regla del “enemigo común”. Lo que logró unirlo a Clarín fue que ambos tienen en el gobierno un enemigo más poderoso.
Hace unos meses se puso sobre la mesa la idea de Lanata como candidato para las presidenciales del 2015, esto habla primero de su popularidad, y en segundo de un mal endémico dentro de una oposición que no ve el norte y tiene que recurrir a un showman para defender sus intereses, porque, pese a su rol de periodista, Lanata es capaz de mentir descaradamente solo para atraer pantalla—y eso lo capitaliza muy bien el oficialismo—aspecto que sus seguidores relativizan con tal de criticar la diKtadura.

Como dije, eso habla del mal estado en el que está la oposición y de sus credenciales morales al ser aparentemente incapaces de encontrar a una persona cuyos antecedentes sean suficientes como para representar una opción política viable, persona muy difícil que aparezca a estas alturas, porque de haber existido ya se habría presentado.

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