1/7/2009

Keynesianismo según yo

“En un sentido, ahora todos somos keynesianos; en otro, ya nadie es keynesiano.” Milton Friedman

Ok. La tesis keynesiana se resume en el siguiente enunciado:

El keynesianismo es, antes que nada, una respuesta inmediata a una crisis, es decir, no una teoría aplicable a largo plazo. Según su modelo Para superar la crisis, hay que restaurar la circulación monetaria. Esto lo pueden lograr los consumidores gastando, los empresarios invirtiendo, los bancos prestando o el Estado interviniendo, ya sea en apoyo de que los demás pongan a circular el dinero o actuando por su cuenta como comprador, banquero y empresario, transitoriamente. Es una política económica estatal que conduce la demanda de bienes y de servicios y, en caso de necesidad de la economía, la reactiva a través de un incremento de los gastos públicos.

La necesidad de la economía es, precisamente, en caso de una recesión, en este escenario el estado incrementa el gasto publico, pese a que esto signifique un déficit en el gasto, pero con la idea de que esta inyección de recursos lo reducirá en un plazo determinado.

El asunto es que Keynes tiene dos postulados que van en contra de todo el dogma de la economía clásica: el gobierno es el motor de la economía, y a veces es económicamente racional no gastar dinero.

El problema de esta idea es la siguiente:

Si los precios están bajando sería económicamente racional no comprar, porque con el mismo dinero se comprará más la semana que viene. (En un supuesto de que tales precios seguirían bajando), entonces, ante la “innecesidad” de obtener dinero para consumir ahora, disminuye la cantidad de gente interesada en utilizar préstamos (los ahorros de otros): si los precios bajan, no solo se comprará más la semana que viene sino que las tasas de interés, sueldos, etc. serán menores. Igualmente, una baja del empleo o de los salarios -amenazando futuros ingresos- puede llevar a otra en la demanda, y por lo tanto a una baja en la producción, llevando a su vez a más desempleo. Así, sucede que la economía establece un punto de equilibrio nuevo donde convive perfectamente en una situación lejana de la utilización óptima de los medios de producción.

¿Esto qué significa? Aunque la idea de ahorra=inversión es racionalmente aceptable, conlleva intrínsecamente a una crisis devastadora y se deja esto en manos de las “fuerzas del mercado”.

Entonces Keynes propone un tercer actor entre el ofertante y el demandante: el Estado. El cual se encargará de regular y controlar las relaciones oferta demanda.

Históricamente el efecto que tuvo el keynesianismo fue formidable. Después del fracaso del liberalismo decimonónico, las democracias occidentales se vieron amenazadas ante las alternativas que fueron surgiendo (fascismo y comunismo) después de la Segunda Guerra Mundial, muchos ciudadanos se vieron seducidos por las promesas de bienestar de las revoluciones socialista, así que los países “capitalistas” requirieron de una alternativa que ofreciera los beneficios del socialismo sin abandonar el capitalismo. Esto lo encontraron en la protección estatal keynesiana que si bien permitía la libre empresa, el Estado se abrogaba las funciones sociales y de bienestar.

Su caída fue así: En los 70´s con el resurgimiento del liberalismo en manos de Milton Friedman y la Escuela de Chicago el keynesianismo se enfrentó a una oposición feroz que propugnaba por una total desregulación del mercado y la ausencia del estado en éste. En la década de los 80´s, ante el debilitamiento de la URSS, los Friedmanitas (así les decían) vieron la oportunidad perfecta, ante la ausencia de otra alternativa, podrían proponer la eliminación de la intervención estatal en la economía. A eso se refería Fukuyama con el “fin de la historia” el triunfo total del capitalismo y, por lo tanto, su hora de presentarse en estado puro.

Lo que vimos en 2008, con Bush pidiendo 700, 000,000 dólares para rescatar a los bancos fue, precisamente, una medida keynesiana, en la que se reconoció que sin la intervención del Estado la economía no puede ser regulada por sí misma. Ojo, keynesianismo no es izquierda per sé (puede haber derecha keynesiana) sino que representa más que nada, un “capitalismo responsable” en el que la intervención estatal no esté peleada con la libre empresa aplicando medidas de emergencia destinadas a salvar la economía por medio del estado y no por la eliminación de éste (esto último fue lo que practicó en la década de los 90´s el FMI, pero también existió antes, se le considera como el primer laboratorio del capitalismo puro a Chile cuando asume Pinochet. Y se ampara en la Escuela de Chicago)

En México existe un problema

Keynes dijo en 1943 “Es verdad que un volumen fluctuante de obras públicas de manera precipitada es una forma torpe de cura y no muy probable de ser exitosa por completo”. Es decir, hay que tener proteccionismo y gasto publico, pero no hay que irse al carajo.

Un keynesianismo poco razonado termina en populismo y una especie de estancamiento (por que función es salir de una crisis en sí, no de promover el desarrollo, aunque en sus elementos se encuentra el llamado “desarrollo estabilizador”)

En México se practico durante la década de los 70´s y los 60´s pero, como dije, el exceso de keynesianismo sin miras a largo plazo estancó la economía mexicana congelando el desarrollo y colocándola en un status quo que permaneció así hasta la década de los 80´s cuando debido a una desastrosa política fiscal, se comenzó a plantear la alternativa del neoliberalismo.

Hoy en día creo que no hay país que lo aplique (el llamado “socialismo del siglo XXI nada tiene que ver) pero el rescate de Keynes es obvio, ante el mismo escenario de 1929, una crisis desatada por la total desregulación de los mercados y la necesidad de volver a poner un ojo revisor en estos. La participación del gobierno en EEUU en General Motors y en las acciones de los bancos rescatados es la prueba más importante del retorno de la intervención estatal en la economía de mercado. Lo mismo hace tácitamente Calderón, a inyectar recursos en obra pública para reactivar la economía y poder salvar la crisis, son destellos de keynesianismo, más no su retorno como teoría.