1 jul. 2009

La receta chavista indigestó a Honduras

para poner un poco de pluralidad en el asunto, esta es una versión "pro golpista" de lo que pasa en Honduras

http://www.ernestojustiniano.org/2009/06/la-receta-chavista-indigest-a-honduras/


La aplicación de los métodos del “chavismo” pueden conducir al descalabro de las democracias en la región. Los sucesos de Honduras lo están demostrando. Si bien por una cuestión de principios cualquier intento de desestabilizar a un gobierno constitucional debe ser rechazado, en el caso de Honduras existen elementos que deben ser tomados en cuenta si se quiere hacer un análisis objetivo sobre los acontecimientos en ese país centroamericano.

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El derrocado mandatario de Honduras Manuel Zelaya posa junto al presidente de Cuba, Raúl Castro (izq), y su homólogo venezolano, Hugo Chávez (der), durante una reunión en Managua, Nicaragüa.*

Sucede que son precisamente los que se reclaman demócratas quienes están adoptando métodos que acabarán socavando la propia democracia y conducirán al establecimiento de regímenes autoritarios en los que prevalezca la voluntad omnímoda del caudillo por sobre cualquier norma constitucional y jurídica.

Los referendos o consultas populares de cualquier tipo son mecanismos válidos cuando se quiere conocer la voluntad del soberano pero es claro que estos deben estar en el marco de las leyes y no deben ser utilizados como pretexto para torcer el orden constitucional.

La supuesta “voluntad popular” fue esgrimida como coartada en todo tiempo por los sátrapas y aspirantes a dictadores para justificar o intentar legitimar el establecimiento de sistemas autoritarios en los que paradójicamente lo que menos se respeta es esa “voluntad popular”.

El modelo “bolivariano” va por esa línea. Apelando de forma permanente a esa supuesta “voluntad popular”, Hugo Chávez, de manera paulatina y sistemática está imponiendo un régimen personalista acomodando a sus intenciones y ambiciones todo el andamiaje institucional y, lo que es peor, está exportando, a fuerza de sus petrodólares, su modelo a países como Bolivia, Ecuador y a otros de Centroamérica.

En Honduras, el acaudalado latifundista Manuel Zelaya quiso ir por ese camino y al parecer consideró insoportable que existan normas que regulen o limiten sus disposiciones. Quiso convocar a una consulta disfrazada de una simple “encuesta” para viabilizar una reforma constitucional que entre sus principales componentes tenía (no es de sorprender) su reelección a la presidencia.

Argumentó que se trataba de una encuesta no vinculante pero cualquier neófito en política sabe que en este tipo de cuestiones no existe nada inocente y lo que se quiere mostrar como una angelical intención de conocer la tan decantada “voluntad popular” no es más que una artimaña para obtener aval político e impulsar medidas que en la mayoría de las veces no son democráticas.

La encuesta la realizaría exclusivamente el Ejecutivo con el respaldo de lo que mañosamente se ha venido a llamar “organizaciones sociales” y el Tribunal Nacional Electoral quedaría al margen. ¿Alguien duda cuales serían los resultados?

Zelaya quiso involucrar a las Fuerzas Armadas en su intento, lo cual fue rechazado por estas y ello significó la destitución de su comandante. La Corte Suprema de Justicia y el Congreso indicaron también que la “encuesta” era inconstitucional e ilegal pero Zelaya se empecinó en llevar adelante su propósito contra viento y marea.

Las consecuencias no son edificantes. La sucesión presidencial, dispuesta luego de un juicio sumarísimo contra Manuel Zelaya en el Congreso hondureño por su inobservancia de las normas constitucionales, es una muestra de lo que puede suceder cuando surge un predestinado que considera que puede torcer las leyes a su antojo. El Presidente de una república, como el primer ciudadano debe ser también el primero en cumplir las leyes. Por tanto, si hay un perdedor en los sucesos de Honduras es el sistema democrático.

No se puede pasar por alto la actitud de Hugo Chávez. Mientras el embajador venezolano ante la OEA, Roy Chaderton “denunciaba” que los embajadores de Cuba y su país habían sido detenidos y agredidos, Chávez, amenazaba con una intervención militar en Honduras para “derrocar a cualquier presidente” que se atreva a reemplazar a Zelaya. ¿Qué quieren que vayamos otra vez a los fusiles? vociferó. Una muestra de los quilates del pretendido “libertador” de los pueblos.

La salida a la crisis hondureña debe ser democrática. Sin embargo es necesario advertir que a la democracia no se la afecta solo con tanques militares en las calles sino también con el desconocimiento de las normas y de las instituciones legales de un país.

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