19 sept. 2010

El Oscuro Pasajero: un producto posmoderno para las masas


El escenario es el siguiente
En un silencio total se anuncia la llegada de una figura, las personas que están ahí solo para verla estallan en gritos y aclamaciones de gloria ante quien se presenta ante ellos. Con una habilidad para manejar a las masas mide matemáticamente su entonación, sabe en qué momento gritar, callar, bajar la voz, pararse y arengar para agitar a las masas. Asimismo, conoce lo que la gente quiere oír, es incapaz de tolerar otra forma de entender lo que hace y tiene a todos sus colaboradores aterrorizados.
Gritos a sus seguidores que se niegan a oponer resistencia ante su figura, sus compañeros aterrorizados de no satisfacer sus deseos.
Su herramienta es el morbo
Su arma es el miedo
Su legitimidad radica en la ignorancia.
Así es el mundo de Laura Bozzo.
¿Cuál es la razón de que a la gente le guste un producto de consumo de la más baja calidad como Laura Bozzo? Partamos desde el comienzo, Laura Bozzo es una conductora/periodista (sic) que ha tomado al mal gusto como su herramienta de ataque para “defender” las causas sociales de los más pobres ¿por qué? Porque en ellos encuentra un hervidero de personajes que hacen la delicias de nuestras pantallas y de nuestra ensoñaciones más grotesca y decadentes.
            Laura nació el 19 de agosto de 1951 en Perú, en sus comienzos era, seamos honestos, objetiva y seria (como en su tiempo lo fue Jaime Maussan cuando era la figura de 60 segundos), su militancia feminista y  sus críticas al régimen de Fujimori le valieron cierto respeto en su país, pero la influencia es grande cuando eres aspirante a dictador, y Fujimori aprendió a ganarse la simpatía de Laura de todos gracias a, supongo, algunos soles de más en la nómina.
            Todos conocemos el escándalo que la llevó tener que conducir su programa en su casa en arresto domiciliario debido al descubrimiento de su “amistad” con Vladimiro Montesinos (una especia de Beria peruano que preservó a Fujimori en el trono hasta que este escapó y le dejó todo el pastel a él). Después de estos problemas, Laura decide exiliarse voluntariamente en un país que estaría dispuesto a aceptar la mierda de fuera y sus productos de consumo barato: México.
            Pero para que México la aceptara, necesitaba una cadena tan degradante y parcial como TV Azteca para consolidar su poder.
            Así es como nació Laura de todos.
            Confieso que como consumista irónico la veo y me rio con la comedia levantada por esta aspirante a autócrata, pero siento lastima por quienes en verdad creen lo que están mirando en pantalla. Desde que en Laura En América presentaba a personas “peleándose” (yo solo veía abrazos homoeróticos grecorromanos), así como “víctimas de violencia” que ven en Laura una semimesias o “machos” golpeadores tan malvados e inteligentes que consideran una acción conveniente ir a exponerse ante todos y que se le caiga el teatro.
            Palabras como “pollada” “soles” “cachudo” y, claro, el “carrito sandwichero” son parte del léxico mexicano gracias a que casi lo único que conocemos del Perú es a Laura (y si nos politizamos, a Sendero luminoso). Temas como “un travesti está mejor que mi esposa” “me gusta mi hijo” “estoy bien guapo” “prostitutas asesinas” “haría lo que fuera por dinero” (este fue un escándalo, porque realmente  Laura los puso a hacer lo que sea), “me enamoré de  la esposa de mi hermano” “estoy embarazada de mi suegro”. Temas tan candentes y relevantes como la consolidación de la democracia.
            Dicen que la condición posmoderna de la dictadura del relativismo nos llevó a esta clase de sociedad, autocomplaciente y entregada a placeres mundanos, haciendo uso de los avances tecnológicos para fomentar el morbo y la decadencia en lugar de seguir con la marcha del progreso humano. Laura Bozzo no es  una rara avis en la sociedad actual, sino un producto, casi una apoteosis de lo que nos merecemos como colectivo para satisfacernos con la sangre y desgracia de aquellos que están fuera de nuestro rango de visión. Pese a que no sean reales los “casos” presentados, el efecto y la intención son los mismos, generar en nosotros no culpa, sino un placer culpable al mirar sus gritos y amenazas. Laura se burla de ellos, se burla de nosotros, se burla de toda la sociedad sin ser consciente de sus burlas. Pero sabe, sabe que tiene al pueblo mexicano pendiente de sus palabras para hacernos más alegres o lamentables las tardes. Laura Bozzo es  como ojear un TvyNovelas, sabes que no quieres hacerlo, sabes que bien puedes leer otra cosa, pero la mina en tetas de la portada te atrae, buscas su “portafolio” para ver más fotos en lencería, pero aprovechas para mirar los “artículos” y refrescarte con un baño de cultura popular aunque realmente estás consciente de que no vas a obtener la mínima pizca de  información relevante para tu vida, pero una vez que abres la revista, algo en ti no te deja cerrarla hasta no satisfacer tu deseo de decadencia. Dejemos de quejarnos de estos productos de consumo que no son más que el espejo de la sociedad que ayudamos a construir.
            Pero así nos las gastamos en el siglo XXI, a veces deseo que los mayas tengan razón y se lleven este puto mundo a la mierda con “país bicentenario” incluido.
            El resto es historia.

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