2 may. 2011

El Oscuro Pasajero: ideas al aire sobre Bin Laden


No voy a emitir más cosas que las obvias porque todos conocen a estas alturas la noticia. La muerte de Osama Bin Laden tiene cierto grado de relevancia, temor o terror. Como mexicanos somos conscientes de lo que pasa cuando matas a un gran capo del narco, su grupo se escinde y comienza una lucha de poderes. Me cuesta pensar que con la red Al Qaeda no se va a dar un escenario similar, donde  antiguos miembros, tal vez más radicales que el mismo Bin Laden no se quieran hacer con su organización (porque francamente dudo un poco que exista tal cosa). El funcionamiento por células les impide a los gobiernos atrapar a un grupo, porque solo se ocupa de uno que reclute a otros y que estos otros sean los planeadores y ejecutores.
            Que Bin Laden esté muerto después de casi 10 años de los atentados del 11-S es una especie de victoria pírrica para Obama, lo que Bush no pudo, lo pudo él (lo que no se tiene en cuenta es que la maquinaria posible para atraparlo iniciara con Bush, es como si alguien te dejara “3x3+5=13+1” todo estaba ya puesto, solo era cuestión de realizar una operación sencilla.
            Obviamente ya comenzaron las voces disidentes, aquellas que nunca creen en nada, unos dicen que los atentados los planeo Bush, y que mataron a Bin Laden para que nadie lo interrogara. Otros que en realidad no está muerto y es otra de las mentiras clásicas del Imperio. A decir verdad dudo que la administración de Obama sea tan imprudente como para decir algo tan relevante sin tener con qué sostenerse.
            Lo que es claro es que la situación actual es la del clásico “muerto el perro se acabó la rabia”,  la lucha entre Oriente y Occidente se convierte en una misma cuando miramos en las calles de Nueva York las mismas expresiones de euforia a las que uno está acostumbrado ver en Al Yazeera, cambiemos las ak-47 por botellas de cerveza y comprenderemos cómo no están tan separados como se acostumbra a creer. El problema es que en muchos casos la existencia de Bin Laden era el leit motiv de la guerra contra el terrorismo y la intervención en Afganistán, con la aparente perdida de legitimidad de estas intervenciones los Estados Unidos tendrán que, o crear un nuevo argumento, o admitir que fue una ingenua pérdida de recursos dedicarse solo a atrapar a una persona que aparentemente estaba en un bunker en una zona relativamente “nice”. Claramente aparecerá otro líder y éste pasará a ser el enemigo público número uno. El día de ayer Obama declaró la muerte del caudillo saudí  y el mundo se acostó con otra realidad pero que se mueve dentro de la misma; ayer los temas calientes eran la boda de dos duques y la canonización de un papa que de espiritual tenía poco. Lo más relevante era la muerte de un hijo de Gadafi en un ataque de la NATO.
            Es difícil pensar así, pero los hay, y me refiero a los que celebran la muerte de Laden como el fin de una cruenta guerra, como lo fue el suicidio de Hitler para acabar con la guerra o la muerte de Franco para retornar a la democracia; son los mismos que piensan que una vez desapareció EEUU entraríamos a una utopía social en donde todas las naciones retornarían a la democracia y a un progreso conjunto fuera de egoísmos. También están los críticos de la arrogancia americana al ver cómo no respetaron la tradición musulmana de enterrar a los cuerpos y lo arrojaron al mar.  Según dicen actualmente el funeral tradicional musulmán se realizó en un portaaviones y luego se arrojó al mar el cuerpo, tanto como para evitar crear un mártir del islam y que su tumba se convierta en foco de peregrinación, así como para alimentar las teorías de la conspiración de los que dirán que Bin Laden nunca murió y por eso el cuerpo fue “arrojado” a  un lugar del que no lo podrán recuperar. Qué si le dijeron que se entregara y no quiso era obvio, luego de oír tanto de Guantánamo y de la zaña que debe de tener “América” contra él, es mil veces más reconfortante una muerte lenta y dolorosa que una “prisión respetando los derechos humanos” en una prisión americana.
            Arrogancia aparte el  “no hay nada que no podamos hacer” de Obama,  ya que ok, todo lo pueden hacer, pero tardar 10 años en encontrar a una persona tiene más una señal de ineptitud que de gloriosa captura. El hecho de que nosotros no logremos atrapar a quien era diputado federal y que haya desaparecido justo cuando se dicta su desafuero nos deja más tranquilos.
            La pregunta es saber qué será del Gran Satán ahora que su némesis se ha hundido,  habrá que buscar a otro; eso sí, el siguiente líder de Al-Qaeda deberá ser alguien carismático, algo así como Bill Murray, el resto es historia.