16 ago. 2010

Dados (versión 1)


No sé por qué escribo esto en esto momento cuando hay cosas más importantes que hacer, no sé, estoy seguro de que nadie leerá esto, pero no creo ser el único que se siente a escribir o que paso en estos, días, con la falsa esperanza de que, tal vez, muy remotamente, la raza que pueble la tierra en algunos siglos llegue a encontrar esto y saber que fue lo que pasó con nosotros.
Muchos lo llamamos "el evento" sucedió un martes de agosto, hace dieciséis semanas, aunque la misma cantidad de semanas que dejó de interesarnos el tiempo. Cuando comenzó el estimado de la población mundial era de seis mil millones de personas en el mundo. Todos nos levantábamos a una hora determinada a cumplir con nuestra función social. Yo era abogado, una profesión que o te hacía rico o te hacía pobre, tenía una familia, Martha, mi esposa, era secretaria de un importante cirujano y nuestro hijo, Daniel, de 15 años no era el mejor estudiante, pero se esforzaba.
Entonces sucedió.
Lo llamamos "el evento" porque no teníamos otra forma de llamarlo, pocas horas después, cuando comenzó a aparecer la noticia en la televisión y en conversaciones con los vecinos, nos dimos cuenta que todos habíamos visto lo mismo. Fue un destello, una luz incandescente que nos cegó a todos, ahí fue cuando lo supimos, el que nos hablaba era Dios, o por lo menos alguna emanación de la divinidad.
Creíamos que sería una epifanía, un mensaje divino de paz y esperanza; Solo recibimos un dado.
"Lo que tenéis en vuestras manos es el control de sus vidas, os he dado libertad absoluta de existencia. Durante miles de años he velado por ustedes, los he observado reír y ser felices, pero también matarse, destruirse entre vosotros, por eso he decidido ponerles una última prueba"
"en sus manos tienen un dado, cada persona del mundo conocido tiene un dado, desde el niño recién nacido hasta el más anciano hombre. Ahora ellos tienen control sobre su destino. Las reglas son sencillas, cada siete días jugarán a los dados con una persona, quien gane podrá caminar por la tierra siete días más, quien pierda morirá al instante."
"el juego se tendrá que realizar en el transcurso del día, aquel que no lo haga no despertará al día siguiente y será condenado a una eternidad de sufrimiento por haber ignorado mi supremo mandamiento"
Eso fue todo, la voz calló, se esfumó, en la televisión se fue la señal y regresó al instante con un conductor nervioso que no se atrevía a preguntar nada creyendo que él fue el único que lo vio, el Publico, la producción, todos se veían con el mismo rostro; mi esposa bajó aterrada, tratando de decirme lo que le pasó, pero quedó congelada al mirar que yo tenía el mismo rostro de pánico.
Miré su mano, tenía un dado en ella, por reflejo miré la mía y yo tenía otro, regresé la mirada a la televisión y vi como el conductor se miraba la mano como el resto de su equipo, cambié de canal, un show de revista de una televisora local, la conductora, antes sexy y seductora capaz de comerse al mundo, lloraba desconsoladamente sin ninguno de sus compañeros que la acompañara. Cambié a otro canal, ahora a una televisora nacional; siempre detesté a Andrea Legarreta, pero Ernesto Laguardia me cae bien, ahora ella estaba aterrorizada y él trata de calmar los ánimos buscando una explicación lógica. No tuvo mejor forma de desmentir el evento que ofrecerle a Legarreta jugar a los dados y comprobar la falacia. Ella, aún nerviosa se negó, pero para calmar a la audiencia decidió aceptar, más tranquila. Tiró los dados primero, un 4, balance perfecto, más cerca de la victoria que de la derrota, Laguardia hizo lo mismo, cuando apareció el 5 la conductora cayó fulminada al suelo. Corte de señal.
Así fue, como un día, la humanidad quedó reducida a un juego de azar, el primer día reinó el caos y la esperanza, parecíamos adventistas, y eso creíamos, Dios se ha cansado  de nosotros y tiene un plan, como última broma decidió  unirse a Darwin, jugar a la selección natural, así, hasta hacernos desaparecer. Entonces recordé una frase que ya había escuchado en alguna parte, un fragmento que me gustaba leer de la biblia para jugar al numerologo. Sin que Martha despegara su mirada de mí abrí su "buen libro" y fui directo al texto:
Apocalipsis 7:4
Y oí el número de los sellados: ciento cuarenta y cuatro mil sellados de todas las tribus de los hijos de Israel
Si mi experiencia autodidacta de religión no me fallaba, los "sellados" eran aquellos que tendrían protección especial de Dios, de toda la humanidad, solo 144,000 personas se salvarían, 12,000 por cada una de las tribus de Israel. Nunca fui un hombre religioso, pero quería creer, aunque mi argumento se desmoronaba inmediatamente si me llegaba a enterar que estaba pasando en otras partes del mundo, no era cosa de cristianos, era algo más grande que decidió hartarse de nosotros.
No explicaré que pasó con mi esposa ni mi hijo, solo diré que estuvieron conmigo hasta que nos quedamos sin jugadores el séptimo día, teníamos que hacerlo. Yo quería perder, en serio quería perder…
Hace 16 semanas éramos 6,000,000,000 personas en el mundo, el primer día nos acostamos solo 3,000,000,000. Una semana después, cuando los políticos (la mitad viva) y la ciencia (la mitad viva) admitieron no saber qué hacer, volvimos a jugar, ahora éramos 1,500,000,000. Era un riesgo con un ritmo de depuración tan acelerado sería cada vez más difícil encontrar alguien con quien jugar. Matemáticamente seriamos cerca de 91,000 personas en el mundo en este momento. Sin contar los que se suicidaron o se negaron a jugar, yo cálculo solo la mitad, con cerca de unos 50,000 personas en el planeta. Las comunidades sobrevivientes se reunieron en las ciudades. Organizando los juegos en n desesperado afán de sobrevivir y arriesgar su vida. Por lo menos lo intentan y yo me dirijo hacia allá.
II
Cierro el cuaderno, he dicho todo lo que tenía que decir y continúo mi camino hacia el Distrito Federal, anteriormente una metrópoli de decenas de millones de habitantes ahora, supongo, reducida a unos cientos si no es que menos personas.
    Hoy es viernes, hace tres días jugué  con una joven de unos 21 años, a estas alturas no es necesario siquiera hacer preguntas sobre origen o destino. La edad y el nombre te son indiferentes cuando solo quieres ver morir al otro. Yo tiré un 2, me sentí condenado, pero la pobre arrojó el 1,  nuestro nuevo número de la muerte, cayó fulminada, tomé algo de comida que llevaba y seguí. Ahora estoy llegando al Distrito Federal, es raro, tanta tranquilidad, tanta paz, cadáveres en el suelo, nada.
    Camino durante unas horas hasta llegar al Zócalo, apoteosis de los regímenes de masas ahora con una carpa repleta de cadáveres ¿Qué habrá pasado con los líderes mundiales? Esto no es cosa de autoridad, sino de azar, Nelson Mandela tal vez ahora suspire de felicidad porque ha vencido a muchos niños tirando los dados. O puede que El Dalai Lama haya caído fulminado ante un soldado chino. Es posible que me tope a Laura Bozzo comandando una pandilla de caníbales urbanos o a Ludwika Paleta ofreciendo placeres sexuales a cambio de jugar con ella.
    Ahora no, el Zócalo abandonado, solo.
    Un arma en mi cuello.
    --Hola ¿quién eres y de dónde vienes?
    --Víctor Sullivan, vengo de Monterrey, estoy buscando jugadores.
    Ya no tengo un arma en mi cuello.
    --Bienvenido-dice.
    --¿Quieres Jugar?
    --Ya tengo jugador para esta semana, pero si los dos ganamos, búscame.
    --¿Dónde puedo encontrar jugadores?
    --donde sea, de todas formas no encontrarás-dice-de seguro llegaste aquí pensando que todos se aglomeraron en las ciudades esperando jugadores-ríe-pero no, bueno, sí, antes si, pero ya no. Tendrás suerte si encuentras a otra persona sin jugador; son tiempos difíciles ¿sabes?-baja el tono-anda, no te deprimas, no es el fin del mundo, bueno sí, creo que sí lo es, en fin.
    Se fue rumbo a palacio de gobierno sin regresar la mirada y yo sin el menor interés de mantener la conversación camino hacia la catedral donde instalo un pequeño campamento y duermo.
III
Me despierto a las ocho de la mañana, es sábado y tengo cuatro días para encontrar un jugador. Como algo y desmonto el campamento para caminar por la ciudad en la búsqueda de alguien que ame tanto su vida como para jugársela una vez más.
    A esas alturas, los que hemos sobrevivido tenemos dos verdades inexorables, la primera es que la vida ya nos resulta indiferente, una vez que has estado tantas veces al borde de la muerte dejas de valorar la vida, al contrario, nos hemos convertido en ludópatas. La segunda verdad es que si antes teníamos fe, ahora somos ateos, no porque hayamos dejado de creer en Dios, sino porque el hijo de puta ya no nos importa.
    Me encuentro con un grupo de cinco personas, un número impar es siempre lo mejor. A este nivel es un riesgo alejarse de su pareja de juego, así que si andan cinco es porque cuatro de ellos están para jugar y uno se encuentra solo. Me acerco a ellos.
    --Hola-digo sonriente.
    El más joven, que parece ser el líder se acerca a mí.
    --¿Quién eres?-dice-bueno, no importa, vas solo y, como verás, a nosotros nos falta un jugador ¿entras?
    --sí.
    --vamos.
    Eso fue todo, caminamos.
    --¿A dónde vamos?-pregunto.
    --allá-dice uno señalando el Castillo de Chapultepec-si vamos a morir que sea atrincherados y viviendo como monarcas.
    Caminamos por algunas calles, desde hace mucho tiempo habíamos perdido la sensibilidad con respecto al entorno, las pilas de cadáveres que se agrupaban por todos lados ya nos resultaban indiferentes. Los primeros días fueron de caos y oportunismo, las funerarias  hicieron su agosto (que solo les duró una semana), pero los cementerios estaban abarrotados, sin olvidar el SEMEFO, tratar de dar sepelio a la mitad de la población mundial de un día para otro es una tarea imposible. Yo me sentí realmente culpable con el vecino que jugué la primera vez, Martin, solitario pero amigable, cuando lo vi caer muerto no pude hacer otra cosa que llamar a una ambulancia que nunca llegó, no sé si por saturación de casos o tal vez el chofer estaba muerto, no sé, pero yo mismo lo quise llevar al hospital, solo para darme cuenta que en el centro se había declarado la ley marcial y reinaba una frágil anarquía. No tuve opción, dejé el cadáver  junto a una pila de cadáveres a vente metros de mi casa, parecía que más de una persona pasó por mí misma situación.
    Cuando llegamos al castillo parecía abandonado, era lógico, un museo es uno de los peores lugares para esperar la muerte. Llegamos al Alfeizar y a las habitaciones de los monarcas o presidentes.
    --la mitad de nosotros morirá el martes, pero nadie nos impide morir con elegancia.
IV
Ayer solamente escogimos habitación y dormimos. Hoy es domingo, me levanto y me acerco al grupo que ya está desayunando.
    --bienvenido, sírvete-dice uno de ellos.
    --no gracias, soy vegetariano.
    --¿vegetariano? ¿En serio?-me pregunta la chica.
    --sí, no tiene nada de malo.
    --sí lo tiene cuando lo que hay alrededor es un apocalipsis y las posibilidades de vida son reducidas.
    --aun así.
    --nada de eso, piensa-dice ella-lo únicos que no han sufrido nada son los animales, eso quiere decir que ellos forman parte de eso ¿no has pensado que tal vez alguna raza alienígena los quiera más? No sé,  un PETA galáctico o algo así, que nos vea como obstructores  de la vida animal y decidió someternos a las mismas reglas de la jungla.
    --esa es la ley del más fuerte, nada que ver con tirar dados.
    --velo como quieras, pero si de alguien me voy a vengar es de los animales, así que comeré como su fuera el último día de mi vida.
    --Antepenúltimo-dice otro.
    --cállate.
    No tengo paciencia para escucharlos, regreso a mi habitación y reviso mis notas, hasta ahora he escuchado 5 teorías:
1)    Castigo de Dios
2)    La Parusía
3)    Ovnis
4)    Hipótesis Gaía
5)    Seres de otra dimensión.
La historia de la chica encaja tal vez en la 3, pero un PETA intergaláctico no me parece plausible, aunque jugar a los dados tampoco me parecía plausible. Tampoco dormir en la cama de  Maximiliano de Habsburgo me parecía plausible, hoy día nada me parece plausible.
    Reviso mi lista, me va a tocar jugar con ella, será mi decima mujer.
Semana 1 ) Martin Vázquez, vecino.
Semana 2) Daniel Balin, Vecino
Semana 3) Karla Zepeda, sobrina
Semana 4) Martha Rodríguez, mi esposa
Semana 5) Daniel, Sullivan, mi hijo
Semana 6) Claudia Martínez, viajera
Semana 7) Karla Ramón, viajera
Semana 8) mujer
Semana 9) hombre
Semana 10) hombre
Semana 11) Mujer
Semana 12 ) Mujer
Semana 13) Mujer
Semana 14) hombre
Semana 15) mujer
Semana 16) mujer
Trato de sentirme culpable por  mi familia, pero ni siquiera puedo decir "eran ellos o yo" no, si no era conmigo lo harían con otra persona. Saco un libro, ante la intermitencia de la muerte ya nada vale la pena hacer, así que es solo cosa de pasar el día. No me puedo quejar en ese aspecto, he leído libros que antes el tiempo no me permitió hacer.
"Dejados Atrás" Tim LaHaye
Una novela cristiana sobre el arrebato, no creo que haya mejor lectura postapocaliptica que una novela apocalíptica.
    Mientras leo escucho como mis acompañantes discuten acerca no sé qué, no me interesa. Pero uno de ellos (la chica) llega corriendo.
    --tenemos que irnos-me dice.
    --¿por qué?
    --vienen a matarnos.
    --no entiendo-digo mientras guardo mis cosas consciente de que, entienda o no, tenemos que escapar.
    --no tienes que entender, nadie lo tiene que entender, solo sé que si queremos por lo menos vivir hasta el martes nos largamos de aquí.
    Me levanto y veo a los demás listos para partir.
    --vienen por la entrada principal. Necesitamos otra salida
    --¿cómo se enteraron de que estábamos aquí, quiénes son?-pregunto.
    --la respuesta a las dos es fácil-dice mientras comienza a caminar-eres nuevo aquí, así que no entiendes la dinámica de la ciudad. Ellos son  ganadores, se sienten ganadores porque han sobrevivido y su intención es llevarse el mundo con ellos.  No nos vieron, solamente hacen barridas, creí que ya habían pasado por aquí, pero no, van a matarnos, a ti no-señala a la chica-contigo harán "otras cosas" antes.
    --¿cómo sabes eso?
    --aquí todo mundo lo sabe, pero yo lo sé porque los acompañé unos días, creí que buscábamos jugadores para formar una comunidad, pero cuando comenzaron a matar indiscriminadamente a todos, fue cuando todo se fue a la mierda y me fui.
    Avanzamos por una ladera, y bajamos rumbo al INAH, ahí  no nos podrían encontrar, demasiadas habitaciones, demasiado oscuro, demasiada soledad. Nos encerramos en un cuarto, y esperamos su llegada no sé cuánto tiempo.
V
Lunes. Abro los ojos y todo sigue en tinieblas, así que salgo esperando que ellos ya no estén.
Silencio.
--ya se fueron-digo.
Salimos lentamente.
--esto no es vida-dice uno ellos.
--no, no lo es, pero es lo que hay-contesta otro.
--¿prefieren un mundo apocalíptico a una muerte digna?
--prefiero mantenerme de pie por lo menos para reírme en la cara de Dios por no poder matarme.
--¿cómo sabes qué fue Dios?
--quien sea, me reiré en su cara y en la puta madre que lo parió.
Nadie dijo nada el resto del día.
VI
Nos levantamos y levantamos el campamento, después de tanto tiempo tendemos a creer que este juego también lo vamos a ganar, pero también somos conscientes que de los seis que somos ahora, dentro de unos minutos seremos tres.
    --¿jugamos?-digo.
    Todos callan y sacan sus dados. El circulo vuelve  iniciar, la rueda del  destino, un centímetro cubico es la diferencia entre la vida y la muerte, entre el antes y el después, entre morir hoy o morir en una semana. No sabemos quién o qué nos trajo esto, pero tal vez lo merezcamos, tuvimos tantas oportunidades de destruirnos entre nosotros que alguien allá arriba tomó nota y nos facilitó la vida. Tal vez sea al revés, aquellos que pierden entran a la gloria del señor y nosotros estamos condenados como en un purgatorio o una sala de espera celestial antes de que nos salga el número ganador. Siempre dicen que la vida se valora una vez que se está a punto de morir, no pasa así, después de sobrevivir a la muerte uno se confía, se cree capaz de volver a hacerlo y juega a ser Dios, esos son los dados, la voluntad divina hecha hombre o una cruel broma del gran arquitecto del universo y a la gloria de este.
    --¿lista?-le pregunto a mi compañera de juego.
    --no.
    --yo tampoco.
    --un placer haberte conocido.
    --el placer es todo tuyo, a mí no me interesa.
    --Touché.
    Los dos tiramos los dados al mismo tiempo.
    Tengo un 1.

FIN