1 ago. 2010

Barranca abajo: la izquierda que conozco.

No soy de derecha ni una herramienta del imperio, pero eso se debe a que por el momento el Imperio no ha solicitado mis servicios, de otra forma con todo gusto. Por otra parte, haré una breve reflexión sobre la izquierda que conozco (razón por la que se me criticará ya que me dirán que solo sé lo que el Imperio me quiere enseñar para ser una marioneta más del gran capital y las corporaciones sin conocer las verdaderas virtudes del progreso).
Antes que nada, debo admitirlo, yo alguna vez creí en él, alguna vez consideré que su figura sería de cierta forma clave para la transformación de México.
Claro, eso lo creía hace 5 años.
Hoy, algunos meses más sabio desde que emití esa clase de juicios, creo que tengo que admitir mi tremendo error al pensar que la figura de Andrés Manuel López Obrador era la correcta.
Hay cosas que me enferman no de la política ni de la clase política en sí, sino de las corrientes ideológicas de esas que se defienden con convicción absoluta, antes que nada, lo que más detesto es la certeza que tiene cada una de ser dueña de la verdad  (un error considerando que si dos posturas antagónicas que se rechazan entre ellas se definen como la “única”, quiere decir que una de ellas está mal).
Pero si en una corriente ideológica encuentro claramente en eso, es en la izquierda.
 A ver, antes que nada, aquellos que se forman dentro de la clase política, no pueden tomar en ningún sentido una postura de no negociación. Rechazar el dialogo equivale más que a una acción política, a un movimiento pseudo religioso que se asegura de mantenerse “puro” al evitar todo contacto con aquellos que han sido corrompidos. El mesías tabasqueño bien, por solo unos minutos, pudo haberse reunido con Calderón, pero no, eso sería un insulto a todo el movimiento, es mejor tener el país polarizado y hundido en la violencia (legitimando así más sus reclamos y críticas en lugar de ayudar a resolverlas), para el caudillo no existe otra ley que la del FAP, y si las leyes contradicen el FAP, pues el FAP violenta las leyes, de todas formas, según su lógica, fueron creadas por corruptos y espurios.
            En esa dicotomía, presentando al otro como corrupto, AMLO se pinta a sí mismo como el mesías republicano que devolverá la autoridad a instituciones podridas, pero para eso se hará valer de ellas.
            Existen otras “izquierdas” más lamentables, pero la que se lleva las palmas es esa mandrágora Bolivariana. La izquierda de Venezuela es un complejo mosaico de anacronismos. Hugo Chávez no es el estadista del siglo XXI, sino una mezcla entre caudillo decimonónico y dictador setentero sin siquiera llegar a ser alguno de esos dos o compartir sus cualidades. No niego su inteligencia para mantener bajo su control la política de un país, pero tampoco encuentro inteligencia en su discurso. Si bien ante de él Venezuela tampoco era una flor de economía y en cierta forma sí había un control férreo por parte de las oligarquías. Chávez llegó creyendo en ese fantasma de los recursos ilimitados de un país en manos de pocos, así que se los quitó y los repartió entre todos sin el menor ápice de un programa de gobierno a largo plazo. Ahora vive de petróleo, con grandes reservas de agua y aun así decretando apagones para soliviantar la crisis energética. Inventando guerras que nunca se dan pero le dan pantalla.
            Y todo esto proviene precisamente de eso. En los últimos días me he encontrado con “artículos de opinión” o “investigaciones” acerca del conflicto entre Colombia y Venezuela y la mentada ruptura de relaciones. En un artículo encontrado en http://www.rebelion.org (algo así como el Grandma latinoamericano), titulado “Existen documentos que revelan que EEUU y Colombia planean un ataque contra Venezuela” se habla de las pruebas presentadas a Chávez de que EEUU quiere matarlo, obviamente, el bolivariano haciendo uso de su bolivarianeidad, no mostró nada, solo lo dijo. Pero sí dice que EEUU lo tiene todo planeado para el aniversario del natalicio de Bolívar (obviaré el circo de desenterrarlo y la sacralidad religiosa que se apoderó de Chávez al mirarlo, como dijo Desbocatti, no lo dejen solo con el cadáver porque se lo va a… bueno, entienden el resto). El artículo termina con una frase lapidaste:
Estas últimas revelaciones evidencian que están preparando un conflicto serio, peligroso y no justificado contra Venezuela; un país con una democracia vibrante y las mayores reservas petroleras del mundo.
¿Qué resalta? Pues primero lo del conflicto “no justificado” justo cuando el bolivariano dice que siente “lástima por tener que dedicarle tiempo a revisar planes de guerra, no se le vaya a ocurrir algo a este gobierno (de Uribe) en sus últimos días”, bueno ta, Colombia no ha dicho nada de guerra, pero si lo hace, técnicamente sería una respuesta a una posible ofensiva, es decir, una acción justificada. Además, esta lo de “democracia vibrante” (para ver mi opinión de la democracia venezolana remítanse a este enlace http://usuarionoidentificado.blogspot.com/2009/02/el-manifiesto-desastre-el-chavez-del-8.html ) En pocas palabras, para los medios “progresistas” latinoamericanos (como La Jornada aquí en México), EEUU es un enemigo natural y Colombia es su marioneta, no voy a negar la influencia que tiene Washington en las decisiones de Estado emanadas de Bogotá, pero de ahí a atribuirle todos los males sin el más mínimo ápice de autocrítica me parece un acto de barbaridad inconmensurable. En otro artículo titulado “Uribe, Chávez y Santos, patas arriba en la línea editorial de El País” se defiende a Venezuela argumentando que Chávez condenó a las FARC, eso sí, lo que los medios progresistas críticos de la parcialidad de la derecha no dicen, es que así como Chávez condenó una vez a las FARC, las apoyó decenas más.
            No soy de derecha, pero ustedes me llamarán así por vindicar a EEUU y a los medios. Porque si algo he aprendido, es que para la izquierda TODO es una herramienta de la derecha, las multinacionales, el imperio y la mar en coche. Cuando fue el terremoto de Haití desapareció el Estado haitiano y EEUU tuvo que tomar el control. Las razones eran obvias, al ser la potencia más grande y cercana, contaba con los recursos para reconstruir un país que casi desapareció, pero claro, los medio progresistas tildaron a eso como una estrategia del imperio para apoderarse del país, y eso fueron lo más suaves, otros más cínicos acusaron a EEUU de haber creado el terremoto como prueba para una posible invasión a Irán. Esa clase de visiones son las que me enferman, la gente no puede ver una noticia sin esperar pruebas, y cuando las tiene, desconfía de quien se las dio. La izquierda carece de memoria, AMLO hoy está seguro del fraude de 2006, cuando en ese periodo estuvo seguro de varias hipótesis del fraude (si se casó con dos o tres versiones que no le sirvieron, la que existe hoy no tiene razón para mantenerse de pie).
            Hay otras izquierdas que se alejan de este espectro ideológico Venezolano y Mexicano, como la del Uruguay (racional, mesurada y pragmática) y la de Chile con Bachelet (racional, mesurada y pragmática), estas dos tal vez son las mejores que conozco; la de Brasil no me agrada  (demasiado no-izquierda como para llamarla así), la de la Argentina (francamente no tengo idea de qué sea lo que hay ahí, solo sé que es peronista), Ecuador cada vez más alejada del Chavismo, Bolivia cada vez más cercana a creer en rumores de internet; Paraguay, ejem… bueno, es Paraguay.
            Marcel Clement dijo una vez “Si usted es un hombre de izquierda y le dicen que se ha corrido a la derecha, no se preocupe, usted sigue estando en el mismo lugar, son los otros los que se pusieron a su izquierda” tal vez estoy envejeciendo y la pasión revolucionaria está cediendo paso a la postura del viejo conserveta. Pero con el tiempo y muy a mi pesar me he dado cuenta que por lo menos la derecha tiene fines definidos, un programa ideológico sin contradicciones cuya mayor fuerza es la unidad, la izquierda está dividida, es anacrónica, desgastada, sin rumbo aparente y perdiendo más tiempo en debates innecesarios que en acciones concretas. Al final, si bien cada quien tiene la última palabra, la mía es un “NO” a Venezuela mientras Chávez siga consolidado en el poder y un “NO” al proyecto alternativo de nación del delirante mesianista de Obrador. Quien se niega a dialogar con la oposición, está negando a una parte de la ciudadanía, y yo no quiero eso; no se confunda, los gobiernos autoritarios no son exclusividad de la derecha. No defiendo a EEUU, pero me enferma que la gente trate de convencer de la verdad por medio de mentiras.
El resto es historia.

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