29 abr. 2010

15: Buenas noches queridos conejos


Llevamos una hora aquí juntos y Daniel no ha dicho nada, me está cansando, si va a decir algo que lo haga, tengo mejores cosas que hacer hoy que mirar la tele.
            De pronto recuerdo que tenía que entregar una película que renté hace unos días,  no tenía caso pensar en eso, es ya es suficientemente tarde como para ir a entregarla, ni modo, tendré que pagar multa mañana, pero este me hace pensar que, hoy, precisamente hoy, solo estamos perdiendo el tiempo, así que decido cortar por lo bueno.
            --oye Daniel—digo— ¿Podemos comenzar con tu juego?
            Los demás se me quedan mirando, era obvio, parece que están pensando lo mismo que yo y solamente esperaban que alguien tuviera la iniciativa para hacer la pregunta. Como siempre, fui yo.
            --cálmate—me contesta—todo a su tiempo, todo a su tiempo.
            Que te den por culo, todo a su tiempo no, lo que quieras decir dilo o lárgate, que tengo cosas mejores que hacer que caer en tus jueguitos.
            --¿cuánto tiempo?  ¿O a qué quieres esperar?
            --no sé, si quieres comenzamos ya—me dice, pero mirando a los demás pendiente de su aprobación en lugar de la mía. Parece que están retrocediendo o en realidad interpreté su expresión de “estamos contigo” y en realidad era un “no nos arruines el momento”
            --pues yo tengo flojera—dice Carlos, prefiero darle tiempo, apenas estamos cotorreando a gusto.
            Busco con la mirada algún signo de aprobación, pero parece que todos están demasiado drogados como para secundar mi propuesta, de hecho, creo que yo también lo estoy, tal vez solamente estoy de necio y nada más, eso es todo; aunque sigo algo molesto por la película, no es que sea remilgoso, pero no me gusta que si alguien dice algo no lo haga para cuando dijo que lo hiciera, y así aplica conmigo, quiero entregar mi película porque en Blockbuster confiaron en mí palabra, en que la entregaría la fecha  en que acordamos entregarla; aunque desde otro punto de vista, fueron ellos los que decidieron que la entregara hoy, de ser por mí lo habría hecho al día siguiente, porque ya la vi, pero no, hacer las cosas así de rápido refleja ansiedad, y no quería que las personas pensaran que soy ansioso, porque una persona ansiosa es la más fácil de estafar y engañar, se aprovechan de su urgencia.
            No, creo que lo más coherente será darle su tiempo, si Daniel quería tardar ya no era problema suyo, intentaría de todas formas cobrarle a él y solo a él lo de la multa de la película, se negará, eso es cierto, pero por eso no tendrá que darse cuenta, y no tendrá que ser hoy, tal vez dentro de algunos días o semanas, pero en algún momento recuperaré ese dinero.
            Trato de relajarme y me siento un momento a mirar un punto fijo, no me gusta hacerlo, pero un estereotipo de drogarse es mirar puntos fijos como si en ellos estuviera algo importante, a veces lo intento y francamente no encuentro nada, pero tengo la sospecha de que debe de ser agradable o divertido o simplemente tiene que haber algo, algo que diga “mereció la pena estar mirando este punto fijo” pero mala decisión, elegí mirar una pared, creo que necesito adornar mi casa, no tengo muchos cuadros y esta pared es una prueba viva de eso. Pero no sé con qué se adorna una pared; nada de símbolos juveniles, eso es seguro, cada que entro a una casa y veo un Che Guevara quiero gritar, no por no simpatizar con él, porque a todos nos agrada, sino por el comercialismo en el que ha caído que todo aquel que tenga un Che Guevara el primer pensamiento que me llega a la mente es que esta persona carece de ideales. Si tiene algo más allá, como a Víctor Jara o León Trotsky todavía le creo, aunque igual en la sala no pondría eso, los veo más como panfletos que van en la puerta de un cuarto de estudiante que en un decorado de sala.
            --¿Quién quiere otra cerveza?—pregunta Daniela mientras se para rumbo al refrigerador
            --yo—le contesto.
            Me sacó de mi idea ¿dónde estaba? Era algo sobre Guevara o parecido, detesto estar así, cuando de repente olvido por completo lo que recién acababa de reflexionar. Daniela me pasa la cerveza y creo que ya está haciendo efecto conjunto con la Marihuana, me está pegando, pero pegando bien, de esas pegadas relajantes y tranquilizantes que son más euforia senil que adrenalina juvenil. Ahora lo importante es permanecer en este estado, no ir más allá como para hacer o decir cosas inconvenientes pero tampoco tan acá como para darle oportunidad a que comience el bajón. No es difícil, con el tiempo me he convertido en un experto en estas artes, cosa de ciencia y empirismo, ensayo y error, causa y efecto.
            Acabo de darme cuenta que no puedo recordar la peli que renté, no puede ser tan mala ¿o sí? Supongo que sí, solo las cosas malas son las que nos negamos a recordar. Mejor no hago esfuerzo, de seguro al rato podré recordar,  y si no lo hago, pues cuando la vaya a entregar la veré, aunque, si recuerdo que no recuerdo el titulo de la película, no tengo certeza de poder recordar que la tengo que entregar, tal vez sea tan mala que ni siquiera sentiré, inconscientemente, la necesidad de entregarla. Tal vez crea que le voy a hacer un favor a todos ellos, a la humanidad guardando una porquería así ¿y si es buena? Y si al contrario reacciono egoístamente y quiero esa joya solo para mí, que nadie más tenga el descubrimiento que hice.
            Ahora estoy intrigado y me paró, voy a mi cuarto y busco la peli, ahí está, el secreto del título está a punto de ser revelado y podré saber si soy altruista o egoísta, todo en el sentido fílmico obviamente.
Es hora de ver el título:
Emanuelle
            --Carajo, una porno—digo para mis adentros.
            Por eso no la recordaba, porque es porno y la pornografía tiene por definición ser pasajera, bueno, entonces estamos tablas, solo diré que se me olvidó, sin reflexión ni nada. Es  casi relajante, me evitó la revelación de una parte de mi ser que no conocía. Ya mañana la entrego, lo que ahora me intriga es saber por qué no la bajé  de internet. Veo en la computadora y descubro que en alguna parte de los trescientos veinte gigas de mi disco duro está, en la sección de “cine erótico”.
            --mierda, treinta varos gastados a lo pendejo… sin olvidar el recargo.
            La próxima vez que vaya a Blockbuster lo haré con una lista en la mano.